Interior de la Iglesia antes del incendio que la destruyó el 21 de octubre de 1932
Después del incendio
Primer arreglo tras el incendio, aún sin retablo en el altar mayor.
Sagrada Familia. Azulejo, probablemente del siglo XVIII, que se encontraba en la fachada de la antigua Casa Barco, hoy desaparecida (Inmueble donde se encuentra actualmente la Gestoría Ricardo, frente a la Plaza del antiguo mercado hoy en obras)
Sé que anda algo abandonado este rinconcillo de palabras sueltas, de ideas sencillas, cotidianas, en su finalidad, simplemente, amables. Que acudo a él con menor frecuencia de la que en otro momento ha podido ser habitual, lo reconozco. Nunca he pretendido mirarme públicamente el ombligo: mis pelusas son sólo mías. Pero, tal vez por error, cuando hace un año empecé a oír hablar de esto de los blogs, alguien me explicó que eran a modo de diarios y eso fue lo que yo me propuse: escribir un diario de mis cosas. Esas que quizás a nadie interesen, pero que constituyen la pequeña esencia de mi alma. Un ejercicio, reconozco, bastante adolescente. ¿Quién no escribió un diario alguna vez? ¿Era Mari Trini quien lo decía en una de sus canciones?
No es mi intención dejar de regar este árbol a cuya sombra me gusta meditar y compartir. Debo reconocer que ando algo derrotado y que mi habitual optimismo se resiente por los quehaceres que envuelven mis rutinas: las clases, la formación, los padres, las madres, los alumnos, los profesores, alguna tertulia, las excursiones, el consejo escolar, los padres, las madres, los alumnos, los profesores…
Escapo un poco de ellas cuando me lanzo a la búsqueda de historias tristes, esas historias de vida repletas de miserias humanas y de nobles protagonistas olvidados que trataron de alcanzar con la punta de los dedos las utopías de la igualdad y en cuyo empeño encontraron sólo el sabor del plomo al amparo de un paredón sin testigos.
Y sobre todo, me ayuda a redescubrir cada día la luz de la esperanza esa ilusión de una niña de siete años que en cada caída de sus dientecillos de leche vive la intensidad del cambio que en ella se opera. Cada nuevo diente lo celebramos con ella y con…el Sr. Pérez, claro. Si a eso le añado una pizca del paciente cariño de la compañera fiel, la compañía de los años de discusión, de encuentros y desencuentros repetidos en que crecen las hijas adolescentes…y alguna esforzada carrera por los campos o las calles, no puedo ni debo quejarme. Me va fantásticamente.
Cae fuera el paro. Parece que hayamos olvidado la lluvia de estos últimos días, pero una verdadera tormenta de desocupados y empresas en crisis golpea en nuestras conciencias y alienta los titulares de la prensa económica. Toda la prensa ya es económica, incluso la deportiva, donde se manejan cifras astronómicamente vergonzantes. ¿A qué crisis esperan éstos?
Por eso mi vida, en realidad, poco importa si no la dedico a desentrañar el sentido último de la labor que ejerzo, la más antigua, la más difícil de las empresas humanas: EDUCAR. Por eso os cuento estas cosas, para ver en vuestras miradas y encontrar entre vosotros (uno, dos, tres…) el ánimo para seguir caminando. Por eso escribo: porque sé que estáis ahí: la niña de siete años, la de dieciocho, la de veinticuatro, la de cuarenta y ocho y todos vosotros. Escribir para vosotros me da el ánimo que a veces se me pierde y diluye entre las ru(t)inas. Escribir para mí me ayuda simplemente a encontrarme en vosotros. Porque, en definitiva, sólo en otros encontraremos a ese que nos falta. Sólo en la otra persona encontraremos lo que necesitamos para ser más personas. Gracias por todo vuestro ánimo a todos…Vuelvo enseguida.
Va bien abrigado. Empieza sin embargo a disiparse el intenso frío que hemos sufrido este último invierno. Está de pie y toma el sol en esta mañana de domingo junto a un enorme portalón de chapa. La intensa lluvia de estos días atrás ha declarado una tregua que se agradece. Estoy seguro que ante sus ojos ya han pasado cerca de cuatrocientas estaciones más o menos lluviosas, más o menos secas. ¡¿Qué no habrá visto a estas alturas de su vida?! No parece pesarle, sin embargo, el paso de los años. Llevado de una suave cadencia, su frágil andar y su erguida figura, más bien elegantes, forman parte del paisanaje singular de nuestras calles. ¿No lo habéis advertido? ¿No lo habéis saludado? Es inadmisible dejarlo pasar ante nosotros sin hablarle, sin otorgarle el obligado saludo afectuoso que debemos a los muy mayores. A veces pienso que debería existir una ley escrita que obligara a todos a rendir homenaje y respeto permanente a nuestros ancianos. Llegar a los 96 en un excepcional estado de salud y fortaleza no es sólo un privilegio. Las personas como Pepe son ese legado vivo de una historia que sólo él puede ayudar a contar con la autenticidad que reflejan las pupilas de quienes la vivieron.
Al verlo, me he dicho que no aplazaba más mi deseo de hablar con él. Voy, como quien dice, preparado para el asalto. Acabo de dejar unas fotos en casa de una vecina y he vuelto a salir en busca de una de esas historias silenciadas por la Historia oficial, por la historia de los vencedores. Me acerco a él, lo saludo. Me reconoce, me conoce. “Pepe, ¿usted tiene algo que ver con Manuel y Arturo Chávez Barrios, no?”. “Claro, ---me dice, mirándome fijamente---, eran mis hermanos”. ¿Le importa a usted que charlemos sobre aquello? Y es él quien me invita a acompañarlo a su casa.
Nos sentamos a la mesa. Y poco a poco, desordenadamente y teniéndolo que parar de vez en cuando para dar tiempo a la pluma a garabatear la fidelidad de su testimonio, van apareciendo los grises colores de una época que le marcó.
“Cuando entraron las fuerzas, yo estaba aquí en el pueblo. Trabajaba entonces en un mato a la salida de Aznalcóllar. Yo he trabajado siempre en lo que caía: en el campo, en los albañiles, de cantero… Las fuerzas entraron por la carretera de El Garrobo pegando tiros y asustando a la gente. Allí estaba el pobre David, en el Cerro del Águila. Cuando me lo dijeron, me quité de en medio. Yo no tenía nada que ver, ni estaba apuntado en ningún partido, pero sí estaba en la CNT…para poder ir a trabajar. Si no, no le daban a uno trabajo. Yo ya había estado en el ejército. Luego me tocaría ir otra vez”.
“A mi hermano Arturo, que había perdido dos dedos de la mano izquierda, lo había colocado Manolito Gil en el Ayuntamiento de escribiente. Tanto él como mi hermano Manuel estaban muy bien de escribanía y de lectura. A Arturo se lo llevaron y le hicieron perrerías. Lo ponían una y otra vez como para fusilarlo y volvían a meterlo en la cárcel, hasta que se lo llevaron una noche y ya no volvimos a verlo más. Yo estaba con él, acostado en el suelo con una manta. Estábamos en el salón de arriba del Ayuntamiento. Fue desde allí, desde la ventana por la que se veía el cementerio, que vimos los relampagazos de los disparos de fusil cuando trajeron a las mujeres de Guillena”. Aquello sucedió al mes y pico de entrar las fuerzas. A mi hermano, quizás lo acusarían de algo. Yo creo que lo mataron porque era de izquierdas. Yo había estado por ahí…
---Va arrastrando las palabras y noto que la boca se le reseca al hablar---
…Huyendo llegué hasta cerca de un pueblo de Extremadura… ---A pesar de su esfuerzo, lo castiga ese olvido inevitable que debilita los recuerdos tristes. Confiesa tener su nombre en la memoria. Yo no he sabido ayudarle---. Llegaban entonces fuerzas de Badajoz y me fui a hablar con el jefe del comité y le dije que para estar así, yo me iba mejor a mi pueblo y que me hicieran lo que quisieran. Estuve en Gerena, por La Calera. Llegué a estar en la Huerta del Pino y de allí me volví a la Canaleja. Harto de estar escondido, me vine y me presenté a las autoridades. Ya para entonces, B.F., había preguntado a mi padre en alguna ocasión dónde me encontraba: ¿Dónde está tu Pepe? (Él sabe bien que este deambular de búsqueda y captura por las casas de los huidos del pueblo, era tarea habitual del grupo de falangistas del pueblo. Él sabe bien que, a diferencia de otros, salió bien parado de aquellas búsquedas). “Entonces era obligatorio entregar un arma y él le proporcionó a mi padre una pistola”. “Al llegar al pueblo, mi padre y V.N. venían a buscarme.En el cuartel, el cabo me hizo preguntas...” ---Nuevamente, retazos de desmemoria le impiden recordar su nombre, el del guardia, claro.---
Me mira y sonriéndome me dice con cierta irónica gracia: “me acuerdo de tó cuando no me quiero acordar de ná…que es cuando estoy en la cama intentando dormir. Pero cuando me preguntan, se me va y no me acuerdo”.
“Veníamos cuatro: Manuel Quesada Leal, Plácido Sanz Fernández y otro…que estaba casado con la de Repago, le decían “El Carbonero”. A Plácido y a Manuel, a los dos días, los sacaron y los mataron. Estuve once días en la cárcel, en la planta alta del ayuntamiento. Terminaron movilizándome con el último reemplazo, el del 33, y me fui para la guerra”.
“A José Quesada, hermano de Manuel, lo sacaron con el grupo de Manuel Mateos, Paco el Furriel y otros más que mataron en el cementerio de Guillena”.
“A mi hermano Manuel lo mataron en el monte. Iba con un tal Vidal, de El Garrobo. Al atravesar la carretera de Aznalcóllar a El Castillo, por la Pata el Caballo, un camión de falangistas…lo hirieron en una pierna. “Allí lo acabarían de liquidar” “La familia de ese Vidal decía que su padre lo había enterrado. Han tratado de encontrarlo, pero eso era un montarla y allí no ha aparecido nada. Manuel era de la CNT. Había que estar apuntado al sindicato. Yo…no echaba cuenta en política”.
Le hago algunas preguntas para ayudarle a contarnos su historia. A su lado, también le escucha su nuera. “B.F. para mí fue bueno, aunque los que tenían mala leche se alegraban de aquello”. “En el colegio de aquí de las niñas, estaba el Comité”. “Había algunos chavalotes muy revoltosos. Quisieron molestar a B., que vivía enfrente, mis hermanos Arturo y Manuel le quitaron los golpes de esos chavalotes que querían hacerle daño. Aquí, a la gente de derechas no le hicieron nada”.
“Me acuerdo bien de aquella noche. Me acuerdo que mi hermano Arturo tenía tres perras chicas en el bolsillo y me las dio al irse. Era media noche. Empezaron a nombrar a cuatro o cinco. Me acuerdo de sus caras, pero de los nombres no me acuerdo. Decían que se los habían llevado a la parte de Olivares. Precisamente venía al mando un capitán manco que decían era de Olivares. La gente de derechas les daban una lista. Al parecer quería hacerle daño a los demás…aunque sin motivo…como a mi hermano Arturo, que no hizo daño a nadie”. “Mi madre…no sé cómo duró tanto tiempo. Con las cosas que tuvo que padecer…
Cuando me despido de él, advierto en su mirada una sonrisa de gratitud hacia la vida. El próximo 26 de julio cumplirá los 97. A pesar del tiempo gris que le tocó vivir, me recuerda, con ayuda de su nuera, que tiene cuatro hijos, once nietos y 15 biznietos. Después de comenzar a trabajar a los doce años, es más que una rica herencia para encarar orgulloso el final de sus días, desde luego. Me recuerda que sus padres eran José Chávez Navas, hijo de Evaristo Chávez Cáceres, y de Manuela Barrios Sánchez. A él, en realidad, le llaman como a su padre, Pepe el de Evaristo.
El próximo día 19 de febrero, jueves, a las 18:30 h. de la tarde, en la Sala de Conferencias del IES GERENA, iniciamos la TERTULIA PEDAGÓGICA. Estará animada en esta ocasión por EDUARDO BARRERA ROMERO, maestro y Director del CEIP Andalucía. Él nos va a contar cómo hacen ellos sus tertulias y cómo trabajan con los escolares de la barriada sevillana de las Tres Mil Viviendas. A cuantos estáis interesados por la educación y por la cultura, os animo a compartir con nosotros este nuevo espacio que tendrá lugar mensualmente en nuestro instituto. Os espero mucho a muchos.
Una tertulia debe ser una actividad cultural que busca transformar a quienes participen en ella. Y eso no es poco. Debe perseguir la formación de aquellas personas que hablan entre sí compartiendo las ideas, sensaciones y sentimientos que en ellos suscita una lectura previamente acordada. Ayudadnos a hacer crecer este proyecto.
Hoy, 28 de enero, el Tribunal Supremo ha decidido que no se puede objetar a Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. La asignatura no vulnera el derecho de los padres a que sus hijos reciban la educación religiosa y moral que deseen. Con motivo de ello quiero compartir con vosotros las reflexiones y datos que escribí para una revista de educación ya hace algunos meses.
La EpC en los medios. Una lectura “interesada”.
“Es el nuestro un insólito país. En ningún otro ha merecido una modesta materia de la enseñanza no universitaria el honor de ser reconocida por sus iniciales: EpC. Educación par la ciudadanía. Nada menos. Como la ONU, la OMS o el FMI. EpC junto a todas ellas. ¿Por qué este dislate?”
ADELA CORTINA. El País, viernes 10 de agosto de 2007
La inclusión en el currículum de la Educación Secundaria Obligatoria de la asignatura de Educación para la Ciudadanía ha suscitado un intenso debate público, si por debate entendemos, claro, esas machaconas campañas que (todos) los medios suelen emprender cada vez que ven peligrar (o quieren consolidar aún más) sus privilegiadas posiciones de influencia social. Pero suele ocurrir entonces que, como luz por debajo de las puertas, las medias verdades, el recurso a la deformación del fondo de lo tratado y hasta las mentiras y el autoengaño, escapan desde los despachos y talleres de producción de opiniones, de allí donde la industria de la conciencia vive instalada por quienes pueden pagarla y mantenerla. De uno y otro lado, desde la derecha, el centro y la izquierda del sistema, se esgrimen calificativos y juicios de todo tipo para tratar de convencer (¿y/o vencer?) al conjunto de la “ciudadanía” sobre la pertinencia, necesidad o error de tal decisión. En definitiva, más de lo mismo: se alimenta el caldo de cultivo del desencuentro ciudadano por el camino de la manipulación informativa. Pero, ¿qué se dice?, ¿qué se argumenta?
He desplegado sobre mi mesa más de 150 recortes de prensa --- ¡qué manía la mía de leer (“con escepticismo”) la prensa…y hasta Internet!---. Son infinidad de noticias, reportajes, artículos de opinión, cartas al director, entrevistas…que me han ayudado a dar un paseo, que he deseado crítico, por lo escrito desde diciembre de 2005 al momento presente en que me dedico, en este frío invierno, a esta reflexión. El resultado, sin embargo, ---cuya presentación está en función de su producción cronológica y no por paralelismos argumentales que, de haberlos, deben de ser buscados por el lector---, compensa, resulta sumamente instructivo o, al menos, bastante clarificador (de ahí la simplificada fórmula “a favor”/ “en contra”, que he utilizado), ya que puede facilitar un sencillo y fecundo ejercicio de lucidez al poder contrapesar, desde nuestros propios criterios, la diversidad de caras del prisma político, social y cultural de nuestro país y, sobre todo, el amplio colorido del arco iris de intereses que suele animar la tormenta de los debates que fabrican las esferas “más cultas” (dominantes) de la sociedad: Políticos del partido gobernante o de la oposición antes gobernante, ministras y exministras, catedráticos, profesores, presidentes de fundaciones o de federaciones de entidades sociales, padres y madres, miembros de la jerarquía eclesiástica, sindicalistas, activistas de los movimientos sociales y ciudadanía de a pie… emiten sus opiniones y sus veredictos ¿Se dejan ver entre sus ecos, los afanes e intereses que los animan? ¿Es, en efecto, una lucha entre quienes pretenden monopolios sobre la formación en valores de los individuos? ¿En qué lugar han colocado algunos de los que se aplican tan a fondo en ese debate la poderosa herramienta de cambio personal y social ---tan estimada por Lorenzo Milani--- como la objeción de conciencia? Porque hay quienes han llegado a proponer, desde la altura de su respetable autoridad, la desobediencia civil y hasta la insumisión ¿Seguro que no han existido motivos antes, ni hay razones profundas ahora, en la realidad circundante, para hacer uso de esos poderosos instrumentos de rebeldía cívica de un modo mucho más coherente con las creencias desde las que se esgrimen? En todo caso, nunca viene mal encender un haz de luz sobre tanta opinión “desinteresada”. Uno llega incluso a preguntarse si son conscientes todas estas alzadas voces de lo que dicen. Ya se sabe: por la boca muere (o “vive”) el pez.
Como educador plenamente convencido de que una asignatura de una hora de duración a la semana, poco ayudará por sí sola ---la educación no dependerá nunca de una sola asignatura--- a la transformación emancipadora de nuestras prácticas educativas y a nuestra “eficiencia educativa” en la formación de una ciudadanía comunitaria y global, no puedo sentir más que un triste sonrojo, porque a muchos de estos protagonistas del debate, verdaderamente, se les nota que están urgentemente necesitados de una “pasada” intensa por esa Educación para la Ciudadanía cuya idoneidad con tanto fervor niegan. De todos modos, cada cual podrá forjarse o reafirmar su propia opinión a la luz de este amplio “argumentario”. Elaborado, evidentemente, desde la subjetividad interesada que mueve mi propia búsqueda de la verdad en este mundo de la educación en el que tantos se entrometen para colonizar nuestro espacio formativo con propuestas políticas cargadas de ideología. Propuestas que vulneran con frecuencia no sólo nuestra autonomía para educar, sino muchos de los principios y valores cívicos que se pretenden afianzar en el comportamiento de las futuras generaciones. Educar(nos) en valores es tarea de todos y puede y debe hacerse a través de las muchas acciones que tienen lugar dentro y fuera de las aulas. Padres y madres, profesores y centros, los medios, cada uno de los miembros y agentes sociales de la comunidad, pueden y deben transmitir los valores que constituyen el sustrato democrático de una sociedad que se desea justa, todos aquellos valores que consideramos esenciales para la configuración de la personalidad moral de nuestros niños y jóvenes, la necesaria para construir un mundo que ha de ser mejor, más justo, menos desigual, más fraterno…, como diría mi padre, “por la cuenta que nos trae”. Sé que es ingenuo pensarlo, pero no estaría nada mal que unos y otros buscáramos en ese empeño la complementariedad y la síntesis, un espacio común para quienes estamos implicados en la educación, ayudados de las herramientas del diálogo, la negociación y el compromiso, no de la condena. Sólo se llega a dialogar verdaderamente cuando se busca sinceramente por las distintas partes la verdad. No es otra cosa el ejercicio de la educación para una ciudadanía democrática ¿Es posible? A la vista quedan esas posibilidades:
A FAVOR
-“Un país tiene lo que produce. Si necesita algo, debe fabricarlo. ¿Qué ciudadanía hemos creado? ¿Cuál es el nivel de participación socio-política de los jóvenes españoles? ¿En qué valores están siendo socializados?
-Necesitamos tejer una moral colectiva basada en la práctica de virtudes públicas.
-Los comportamientos solidarios deben ser impulsados a través de una pedagogía del compromiso.
-Toda enseñanza fracasa si no logra formar ciudadanos morales y activistas sociales.
-Es necesario crear un ámbito específico para socializar en los valores morales de nuestro orden constitucional.
-Es necesario analizar los problemas sociales de nuestro tiempo
-Es necesario motivar la participación en la defensa de los derechos humanos mediante una ética de la responsabilidad y de los deberes de la ciudadanía activa.
-La democracia requiere para su reproducción una cultura política de implicación ciudadana.
-El gran reto del siglo XXI es la construcción de una ciudadanía internacionalista para un cosmopolitismo solidario.
-La educación debe transmitir los valores de la ciudadanía como garantía de la integración y de la eliminación de barreras en un momento crítico de encuentro de civilizaciones.
-La educación debe hacerse cargo de un nuevo escenario cultural y social, enfrentando, ahora más que nunca, la función de desarrollar en cada persona un núcleo moral sólido que permita elegir, asumiendo las consecuencias de las decisiones.
-Educar para la responsabilidad es hoy en día y lo será mucho más en el futuro, una de las funciones básicas de la educación.
-Hay valores que resulta imposible indoctrinar, porque por su misma naturaleza educan y son aquellos que pertenecen al universo de la justicia que es el quicio de la ética ciudadana: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo, la responsabilidad.
-Estado y sociedad civil deben complementarse en la tarea de educar en lo justo y…si la justicia tiene un sentido, y pocos valores tienen más sentido que ella, el horizonte del ciudadano no puede ser sino cosmopolita. Y entonces lo importante y lo urgente, prioritario, es acabar con el hambre, la sed, la enfermedad superable, la muerte evitable, la miseria. Ocurre, sin embargo que estas cosas no se aprenden sólo en la escuela…sino también en la vida familiar, la vida política y los medios de comunicación.
-Con esta asignatura la escuela responde a las necesidades de la sociedad. Cada vez que aparecen problemas (violencia juvenil, drogas, embarazos de adolescentes, racismo, accidentes de tráfico, el fracaso escolar, el vandalismo ciudadano…), la sociedad se vuelve hacia la escuela.
-De lo que estamos hablando es de educación de la libertad, porque no nacemos enseñados y la libertad se aprende de igual modo que se aprende una lengua.
-No nacemos siendo buenos ciudadanos ni tampoco basta con pertenecer a una sociedad democrática para llegar a ser buenos demócratas, nos hacemos ciudadanos de una democracia en buena parte gracias a la educación.
-Conviene una asignatura porque proporciona la oportunidad de reflexionar sobre conocimientos que pueden motivar la convivencia democrática.
-La EpC es una necesidad obvia, una característica propia de las democracias.
-Ciudadanía, convivencia y política (en su mejor sentido) no se aprenden por ósmosis, sino que merecen y requieren una reflexión específica…
-La educación en valores es una demanda social. Ahora, los temas sociales, la multiculturalidad, la democracia, se impartirán con más eficacia.
-Las democracias no pueden renunciar en aras de un malentendido neutralismo, a la tarea de educar a sus ciudadanos en el conocimiento y la práctica de los fundamentos y valores de la convivencia democrática.
-La EpC puede y debe ser una gran oportunidad para que la escuela como institución reivindique una vez más su valor social como espacio para la convivencia, como lugar privilegiado para la reflexión y la tolerancia.
-La EpC no es un invento circunstancial de un partido que tiene el oculto designio de indoctrinar a nuestros hijos, sino una materia que se ha impuesto en casi todos los países europeos.
-- El fomento de la cohesión social y de una mayor participación activa de los ciudadanos en la vida política y social se ha convertido en un tema clave en todos los países europeos.
-La Unión Europea se enfrenta a una serie de problemas comunes, ante los cuales necesita apoyarse en el sistema educativo para crear una conciencia cívica democrática que colabore en la prevención de posibles conflictos en el seno de sus sociedades.
-Es un error grave pensar que la educación es asunto de los padres. Debe interesarles y preocuparles, pero es un asunto de la sociedad. No educamos para que los niños vivan al gusto de sus padres, sino para que vivan de la manera que socialmente se pueda exigir de ellos. Esa mentalidad de la propiedad de los hijos por parte de los padres es profundamente errónea.
-La EpC es educar a los hijos para que vivan fuera de la familia. La propia resistencia de las familias a la EpC demuestra la necesidad de esa asignatura, porque para lo que sirve es para romper con ese claustro dentro del cual quieren algunas familias a sus hijos.
-A pesar de todas las críticas que se generan en torno a ella, puede ser una oportunidad de primer orden para transmitir valores esenciales para la convivencia democrática. En un país como el nuestro, tan dado a la discusión visceral, tan poco cultivado en la tradición democrática, una materia como esta no puede redimirnos de todos los males, pero sí puede, a pesar de los políticos, ser un buen pretexto para formar ciudadanos responsables y cultivar virtudes públicas.
-La asignatura se fundamenta en los valores y contenidos de la democracia, la no discriminación, la libertad, los derechos humanos, la justicia social, la cultura de la paz, la no violencia… Valores y contenidos que es sobre lo que debemos decir si compartimos o no.
-Existe una preocupación por un conjunto de fenómenos (creciente desafección política de la juventud, su escasa participación e implicación en la vida pública, rebrotes de tolerancia y racismo…) que se constatan no sólo en la juventud sino en la sociedad en general. Por eso surge en Europa un creciente interés de revitalizar la democracia y la participación, en lo que se define como ciudadanía activa, informada y responsable.
-Es preciso dar vigor democrático a las instituciones, promoviendo desde la escuela virtudes cívicas y la preocupación por lo colectivo.
-En la programación del ministerio no hay nada que pueda ofender la conciencia de nadie y lo que se enseña está total y exclusivamente dentro del marco de los derechos humanos.
-Es obligación de la comunidad política educar en la justicia. Merece la pena que nos pongamos de acuerdo sobre cuáles son esos valores de justicia.
-Si diéramos bien esta asignatura, los alumnos verían lo importante que es conocer las normas y entenderían que los deberes no son caprichos, les enseñaría a ser más responsables, a tener más respeto hacia el otro e incrementar su solidaridad. Esta asignatura no debe ser exclusiva de la escuela.
-EpC es una asignatura obligatoria por ley para lo que no hay alternativa, y no cursarla impediría a los estudiantes la obtención de los títulos académicos correspondientes.
-Ninguna fe puede oponerse a las leyes que emanan de la soberanía popular a través del Parlamento. El Gobierno va a aplicar la asignatura en todo el sistema educativo.
-Tenemos que fomentar la conciencia cívica del alumnado, enseñarles que existen comportamientos y conductas buenas y malas, justas e injustas, decentes e indecentes. ¿O es que, en este caso, los obispos reclaman la neutralidad del sistema educativo? Eso sí que sería relativismo moral.
-La EpC no parte de cero. Desde hace años, las distintas “educaciones para…” han trabajado en esta perspectiva que hoy se incorpora al currículum oficial. Si se hace bien, ayudará a integrar ese trabajo.
-De algún modo, esta asignatura supone el reconocimiento a la labor educativa realizada desde ONGs y los movimientos sociales y educativos, muchos de ellos vinculados a la propia Iglesia Católica.
-En la EpC confluyen orientaciones y directivas de política educativa que la hacen presente, de formas diversas, en buena parte de los países europeos.
-Se hacía urgente hacer más presente en el currículum una dimensión global en los análisis de la realidad próxima y lejana, analizando las causas de las injusticias y educar al alumnado en la proposición de soluciones para esas realidades.
-Es precisamente desde esta perspectiva de la justicia desde donde se reconoce que la educación no puede ser neutral, sino que es la educación la que tiene que proporcionar al alumno un posicionamiento en el momento de elegir entre mantener el mundo tal y como es o participar en su transformación a favor de la justicia para todos.
-Un enfoque participativo, activo, no autoritario del proceso de enseñanza-aprendizaje en la EpC alejan mucho el peligro de adoctrinamiento.
-La EpC, en gran medida, se hace eco de aquellos elementos de la Educación en Valores y de los contenidos que promueven una educación integral, una perspectiva recogida en el Informe Delors cuando menciona los cuatro aprendizajes básicos con los que hacer frente a los nuevos retos de la sociedad: aprender a conocer y adquirir los instrumentos de la comprensión (aprender a aprender), aprender a hacer e influir en el entorno propio (aprender a hacer), aprender a vivir juntos (aprender a convivir), aprender a ser personas (aprender a ser). A ellos, puede y debe añadirse unquinto pilar dirigido a la construcción de un mundo más justo: “aprender a transformar”.
EN CONTRA
-Se pretende infundir una ideología estatal.
-No debería articularse en asignatura evaluable, sino recorrer las demás de forma transversal.
-La imposición de la asignatura de EpC es una forma sutil de totalitarismo
-Es una consecuencia más de la feroz lucha contra la religión disfrazada de laicismo
-Es un simple error cuyas consecuencias pueden ser muy perjudiciales tanto para los propios alumnos como para el conjunto de la sociedad democrática en que vivimos.
-Supone una seria disminución de los temas que corresponde a otras asignaturas como Filosofía.
-Su implantación carece de justificación y sentido, pues no nos sentimos obligados a alinearnos ni con unos ni con otros, sino, por el contrario, a aprender a pensar libremente y en común, sin que la discrepancia con el otro lo convierta necesariamente en enemigo.
-La nueva materia se convertirá en un instrumento de indoctrinación (transmisión de unos contenidos morales con el objetivo de que el destinatario los asuma y ya no desee estar abierto a otros contenidos posibles; quien se esfuerza por evitar que su interlocutor siga pensando y se abra a nuevos horizontes).
-La EpC es una herramienta de adoctrinamiento en manos del gobierno.
-Es un sinuoso ataque del laicismo contra la educación religiosa.
-La escuela debe ser neutral, pues nunca vamos a conseguir un consenso en torno a los valores que debe transmitir. Este es un problema que las sociedades pluralistas no pueden resolver.
-Este tipo de educación es imposible.
-Para formar ciudadanos de nada sirve la información que proporcionan los libros de texto y el profesorado. Ser ciudadano de una democracia tiene que ver con ciertos rasgos de carácter y hábitos de comportamiento que no se adquieren mediante el saber que dispensan las asignaturas.
-Llegar a ser un correcto ciudadano demócrata se consigue ejercitando las virtudes cívicas en las múltiples ocasiones que proporciona la vida de los centros educativos. Se trata de una ciudadanía omnipresente, compartida por todo el profesorado y transversal.
-Responde a la ideología del partido en el poder, que plasma esa ideología en las instancias del Estado.
-El poder del Estado no es ilimitado en la imposición obligatoria de contenidos educativos. Existen para él unos límites situados en la coordinación entre principios de intervención democrática del poder y el de autonomía de las familias.
-Existe un desacuerdo razonable sobre cuál sea la manera de preparar a los alumnos para participar en la vida política o asegurar su desarrollo moral.
-El derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derechoa elegir una concepción del bien, y a ponerla en práctica sin sufrir las interferencias de los poderes públicos.
-Los profesores de los centros públicos están obligados a renunciar a cualquier forma de adoctrinamiento ideológico, única actitud compatible con el respeto a las familias que no han elegido para sus hijos centros docentes con una orientación ideológica explícita. Esto es aplicable a los propios centros y al legislador.
-La EpC se encuentra al borde de la constitucionalidad, ya que a su través de transmite una forma de ver la vida, una antropología, y una ética, aspectos que tienen que ver con los aspectos más íntimos de una persona.
-La EpC lesiona y conculca las convicciones de los padres, algo que en ningún caso un Estado puede hacer.
-En la educación en valores morales, los padres tienen un papel prioritario sobre el sistema educativo.
-Cualquier asignatura que no tenga el respaldo de una disciplina científica corre el riesgo de convertirse en un instrumento de adoctrinamiento, por eso esta asignatura está mal planteada y mal enfocada, se devaluará y acabará fracasando. Además, desvirtúa dos asignaturas clásicas tradicionales, la filosofía y la ética.
-Los profesores no están obligados a seguir directrices de carácter ideológico.
-La EpC es una grave e irresponsable intromisión en el campo de la conciencia personal.
-La EpC es una asignatura metida con calzador e impuesta contra el parecer de la mayoría del mundo educativo. Ha sido una temeridadel empecinamiento del Gobierno, sin hacer caso del dictamen del Consejo Escolar del Estado, que votó mayoritariamente en contra de su implantación.
-Los contenidos propuestos son un conglomerado de temas sin rigor ni hilo conductor. Los riesgos de adoctrinamiento son enormes. La clave para una buena formación cívica es el reforzamiento de las humanidades. Y esto es justamente lo que no se ha hecho.
-Esta nueva materia enseña criterios y valores con los que muchos padres estamos en desacuerdo porque incluyen el parecerde Gobierno en cuestiones como la familia, el matrimonio o la educación.
-La educación afectivo-emocional pertenece al estricto ámbito familiar.
-La nueva materia supone un claro riesgo de que la escuela se convierta en el lugar de transmisión, no de unos conocimientos, sino de una ideología determinada., además de no aportar ningún valor académico a los alumnos.
-Tal y como está planteada la asignatura obligatoria podría convertirse en un instrumento para transformar la ideología oficial de la escuela pública.
-Supone la pretensión del gobierno de imponer una asignatura que tiene como objeto configurar un modelo determinado de ciudadano. Esto sería un grave error.
-Tanto el laicismo como los fundamentalismos religiosos son enemigos de la libertad y, si logran imponerse, conducen inexorablemente al totalitarismo.
-La asignatura no debería traspasar la frontera de aquellos contenidos de naturaleza moral o que presupongan un determinado modelo de sociedad o de persona. Temas como el modelo de familia o el matrimonio deberían quedar fuera y no debería ser ni obligatoria ni evaluable.
-La asignatura de EpC debería ser igual que la de Religión Católica, opcional. Ser puntuable y obligatoria, como forma de adoctrinamiento como pretende Zapatero, es un totalitarismo que sólo pretende plegar a los menores hacia las tesis políticas del Gobierno, amaestrándolos en su ideología, para crear un pensamiento único, acrítico, es decir, como instrumento de poder y amaestramiento de futuros votantes, fuera de los valores éticos del derecho natural.
-La LOE contempla la nueva asignatura como un catálogo de doctrinas socialistas-laicistas de estudio obligado y evaluable académicamente, al tiempo que se marginan las clases de religión católica que solicitan para sus hijos el 80 por ciento de los padres.
-El modelo de escuela que pretende el Gobierno de Zapatero es un alarde de talante doctrinario, laicista y profundamente sectario, todo un atentado a las libertades que contempla nuestra Carta Magna.
-La asignatura confirma las sospechas de la sociedad civil sobre el adoctrinamiento ideológico y la vulneración de la libertad de los padres para elegir la educación que quieren para sus hijos.
-La carga ideológica es aún más fuerte en Andalucía, porque se trata seguramente de hacer una prueba en un feudo socialista, antes de implantarlo en el resto de Comunidades. Los niños andaluces serán, si no lo remedian sus padres, el conejillo de indias de Educación para la Ciudadanía. Es una situación grave, y no vemos otra salida que la objeción de conciencia a la asignatura.
-Constituye una intromisión del Estado en la educación moral de los alumnos. Estamos, de alguna manera, frente al intento de imponer cierto tipo de ética inspirada en el laicismo, puesto que pretende educar en moral ignorando las tradiciones religiosas, la existencia de Dios y la misma dimensión trascendente de la persona.
-Hay una enorme carga de ideología postmoderna, de la mano de la ideología de género y la diversidad de opciones afectivo-sexuales. Según esta concepción, que ha inspirado la aprobación del llamado matrimonio homosexual, el sexo biológico no es lo decisivo, sino la asignación de roles que cada cultura asigna al hombre y a la mujer. Una sociedad ilustrada puede y debe prescindir de esos roles, y otorgar primacía absoluta a la orientación de cada individuo.
-Al igual que la LOE en su conjunto, es que insiste en una concepción inadecuada de la democracia en la escuela, provocando la pérdida de autoridad de los profesores. Además, se abusa de las emociones y los afectos de los alumnos, renunciando a la pedagogía del esfuerzo, la exigencia y la voluntad.
-La EpC es un instrumento del Gobierno para el adoctrinamiento ideológico que viola el derecho prioritario de padres y alumnos a que no se les lave el cerebro.
-La asignatura impone el relativismo moral. La verdad no juega papel alguno en los Decretos que desarrollan suscontenidos. En lugar de la búsqueda de la verdad, se propone al alumno que elabore su propia verdad, mientras lo emotivo desplaza al conocimiento racional.
-El objetivo de ideologizar a los alumnos es básico para el Estado. Al incluir entre los contenidos de EpC cuestiones como la condición humana, la identidad personal, la educación afectivo-sexual, o la construcción de la conciencia moral, la nueva asignatura supone una intromisión ilícita en el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones morales y religiosas. Denunciamos que no es legítimo ni moral que el Estado sustituya a las familias en su labor educativa, ni usar la escuela como instrumento de transmisión ideológica, ni imponer un determinado sistema de valores, y hacerlo pasar por universal, que no lo es.
-Es viable enseñar de acuerdo con una antropología personalista, verdaderamente adecuada a la naturaleza personal del ser humano. Estas leyes lo dificultan y lo obstaculizan gravemente, pero es viable recurriendo a la responsabilidad de los profesores y de los centros, en particular de los centros católicos. Seguro que en ellos no se enseñará nada que sea contrario al carácter propio de los centros. Como dicen los obispos, los centros católicos no incluirán en sus programas los contenidos de los Reales Decretos que desarrollan la EpC, que resulta gravemente problemática, no sólo por sus contenidos, sino también por su finalidad, que es la educación moral de las conciencias, impuesta a todos los alumnos, con independencia de la elección que hayan hecho sus padres.
-La oposición a esta EpC no se debe al mayor o menor impacto que pueda tener, sino a la injusticia intrínseca de la medida, que quebranta los derechos fundamentales de las personas y de la escuela.
-Esta EpC no presagia nada bueno, no presagia que vayamos a tener ciudadanos mejor formados, como todos deseamos,conscientes de sus derechos y deberes, verdaderamente críticos ante el pensamiento políticamente correcto, capaces de desarrollar su inteligencia y de modo íntegro su personalidad. Esto no se puede conseguir con una conciencia moral uniformada en criterios desestructuradores de la identidad personal. Por esta vía no se consiguen personas mejor formadas, y por lo tanto tampoco se puede esperar que haya ciudadanos responsables y activos.
-Cuando el decreto habla de tolerancia, libertad, diálogo y concordia, las dirige hacia intenciones ideológicas que no son aceptadas por toda la sociedad y se omiten en el texto valores como el esfuerzo, el trabajo y la disciplina.
-Queremos educar a nuestros hijos como buenos ciudadanos y por eso nos oponemos a que se les impartan valores ajenos a nuestras convicciones respecto al sentido de la vida, los fundamentos de la moral o la diversidad sexual.
-La EpC atenta contra las libertades y es incompatible con la fe cristiana.
-Quienes nos veamos obligados a impartir esta presunta materia…no recurramos a ningún libro de texto, ofrezcamos una introducción a la Ética y a la Filosofía Política basada en los textos fundamentales de pensadores clásicos. Sólo así los alumnos podrán aprender a pensar por sí mismos en diálogo con la tradición de la que somos herederos en vez de tener que estudiar las opiniones de los autores de los libros de texto respecto de los contenidos del lamentable temario.
-Carece de objetivos académicos, contenidos y metodología concretos y queda abierta a la improvisación ycontingencia de las aulas. Es inadmisible que la metodología se reduzca a un debate y un diálogo improvisados, sin garantías de rigor, con elección o invención de temas del momento, o asuntos interesados, donde las iniciativas y toma de decisiones provengan del uso sistemático del debate, procedimiento imprescindible en esta área.
-Colaborar con esta materia es colaborar al mal.
-Se hace prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo.
-Se abordan muchas cuestiones que no interesan a los adolescentes, mientras que se insiste poco en que no se puede circular con una motocicleta a escape libre, sin casco y bebido.
-Urge reclamar unos contenidos diferentes en esta materia educativa, que se ciña a la Constitución y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero que no entre en valoraciones morales. Lo que es formal de la democracia es muy importante, básico para la buena convivencia, pero no puede ser fuente de valor moral absoluto.
No es fácil ser maestro. Lo es mucho más, hacer de maestro. Tal vez por ello hay quien dice que es más probable encontrar un maestro que un discípulo, ya que parece ser más fácil dar consejos que seguirlos, decir lo que debe hacerse que hacer lo que se dice.
¿Se puede aprender a ser un buen maestro? ¿Se puede enseñar a ejercer este noble oficio? ¿Qué distingue o debiera distinguir a buen maestro de quien no lo es o no lo será nunca? Durante estos días, en el ejercicio de una labor que llega a apabullarme por la responsabilidad que entraña, trato de acercarme a este universo de interrogantes, rodeado de un grupo de licenciados universitarios que manifiestan al estar allí un primer deseo de querer ser futuros profesores. Y debo confesar que sólo puedo dar algunas modestísimas respuestas a estas preguntas tan esenciales.
Creo que una cualidad básica de toda buena maestra, de todo buen maestro, (eso que otros sólo llaman profesor o profesora) debe ser, en primer lugar, tener un alto conocimiento teórico y vivencial de las enseñanzas y de las prácticas asociadas a esas enseñanzas.
En segundo lugar, y sobre todo en los tiempos que corren, debe tener una actitud profundamente ética y, en lo posible, ser ejemplo de coherencia, es decir, de sintonía entre sus acciones y su pensamiento sobre la educación. ¡Ah…difícil arte éste el de la coherencia!
También, será necesario estar libre de la necesidad de lo que llamamos reconocimiento externo a nuestra tarea. Es decir, deberá ser consciente que este trabajo, el de la enseñanza y la educación, se ejerce casi siempre desde la soledad del corredor de fondo, casi en el anonimato, muchas veces, desde la invisibilidad y la ingratitud social y, siempre, siempre, “en medio de la plaza pública”, expuesto al qué dirán.
Quizás por eso, será bueno tener en todo momento y a pesar del temporal de la crisis actual , tal vez por ella precisamente, una motivación a prueba de las bombas de fósforo o de racimo de la opinión publicada y un entusiasmo extraordinario por el hecho de enseñar cada día con grandes dosis de paciencia y perseverancia buscando a cada instante lo nuevo por venir.
Pero, sobre todo, ese perfil ideal habla de un maestro que alienta a sus “discípulos” a investigar y a ampliar sus conocimientos más allá de las rutinas y los saberes acartonados y academicistas de la ciencia escolar oficial. Si, además, ello lo hace favoreciendo el que afloren las emociones y enseña a utilizar las herramientas del análisis, dela reflexión, de la crítica, del diálogo…el buen maestro, la buena maestra, terminan recibiendo en el mismo grado en el que dan. Porque la tarea educativa, si no es enriquecedora, no es.
Y, muy especialmente, ya por último, debe cuidar que los alumnos, mientras tanto, en cada uno de sus momentos con él, se sientan libres para seguir escogiendo hacia dónde encaminar sus pasos.
Me veo frente a los futuros profesores de Geografía e Historia y les hablo de mis afanes:
Que lo importante es pensar sobre el sentido profundo de lo que enseñamos, sobre la actualidad de los contenidos escolares para responder a los retos presentes, para dar a nuestras enseñanzas una utilidad como herramientas de transformación social. Que es por esto por lo que cada vez es más difícil esta tarea de la educación: que nuestros niños y adolescentes, aunque ellos no lo saben ni lo aprecian, bien merecen un desarrollo pleno, una capacitación para desvelar y comprender el mundo en el que viven y hasta la posibilidad de cambiarlo en colaboración con los otros.
Que lo que enseñamos, el famoso y dichoso “currículum”, no es más que una selección de la cultura que alguien ha hecho (ha impuesto) en este momento histórico (como en todos los momentos históricos), pero que puede haber otros contenidos de mayor relevancia social y ambiental, esos que constituyen los verdaderos retos de las generaciones futuras. Y que ello puede presentarse de otro modo, no necesariamente en forma de un libro de texto que en nuestro ámbito científico queda frecuentemente obsoleto y anticuado al poco de salir de la imprenta. Que hay mucho que no entra en las asignaturas y aparece a diario en los televisores y en las ventanas que Internet nos abre a la vida del mundo y que constituye otro saber, otra cultura, con frecuencia más acordes con la vida presente de nuestros alumnos y con la nuestra.
Pero, sobre todo, que hay algo que debe ser cambiado también por quienes se incorporen a la enseñanza y al mundo educativo: Lo que hacemos en las aulas, el modo como enseñamos. En nuestras aulas, a pesar de nuestras resistencias, ya no hay tantas cabezas que llenar con los apuntes y exámenes con los que seguimos empeñados en vivificar nuestros aburridos centros escolares, sino corazones que educar, vidas que ordenar, emociones que encauzar, inquietudes que sembrar… Nuestros alumnos han cambiado a un ritmo más rápido que nosotros y que los contenidos escolares de los manuales escolares y esto nos deja en la desazón y el desaliento, pero no podemos dejarnos derrotar.
Y, en fin, será necesario proseguir el debate. No todo está claro en todo esto. Deberemos seguir buscando respuestas desde la reflexión compartida.
Y mientras pienso en todo esto, recuerdo que enel “colegio público” de mi pueblo, no sé exactamente a propuesta de quién, se han vendido algunos uniformes. He podido ver a algunas niñas y niños con ellos. Incluso en el seno de la Junta de Delegados del Instituto, contagiado y entusiasmado con la idea, algún chico o chica, la ha propuesto para todos en el centro. No sé yo, pero este intento por “disfrazar” el cuerpo tal vez revele nuestro naufragio colectivo a la hora de buscar una mejor manera de enriquecer el “alma”, la función principal de la educación…esa tarea que maestros y futuros maestros tendremos siempre entre manos.