2002

sábado, 24 de octubre de 2009

DIARIO DE UN PROFESOR - Página 2

La escuela está necesitada de las mejores ideas




Acabo de llegar de Jerez. He estado allí con mis compañeros y compañeras de Intermón Oxfam presentando el libro de Desiderio de Paz, “Escuelas y Educación para una Ciudadanía Global. Una mirada transformadora”. Ante un nutrido grupo de Educadores, sobre todo Educadoras, he expuesto algunas ideas y reflexiones que, de manera sintetizada, quiero compartir con vosotros.


“La Escuela, el sistema de enseñanza, es el terreno de juego donde los diferentes poderes pugnan por imponer su modelo de sociedad y el papel que el propio sistema educativo debe jugar en su construcción.Son esos poderes los que han convertido a la Escuela en la “papelera de la sociedad”, al depositarse en ella el imperativo de solucionar muchos de los problemas que la propia sociedad no es capaz de resolver.


¿Qué papel juegan los profesores y las profesoras en este pulso? ¿Qué hacer? Esta es la pregunta que los educadores debemos formularnos.


Desde Intermón Oxfam hemos formulado una respuesta radical a esta pregunta: Hoy, más que nunca, es necesario el rearme de ideas de quienes realizamos la compleja tarea de educar. Es necesario recuperar el discurso ideológico sobre la escuela, es decir, empezar a aprender a mirar la realidad de la propia escuela y de la realidad donde se ubica, una realidad global, tratando de desvelar las trampas que han convertido a la Escuela en mera servidora del sistema social dominante.


Pero los profesores somos bastante reacios a la teoría y, de hecho, no solemos aprender a partir de la exposición de teorías, sino muy especialmente a partir del intercambio de experiencias. Sin embargo, las mejores experiencias educativas han sido aquellas que han estado sustentadas por sólidas teorías, por fuertes sistemas de ideas. Al final, siempre, deberemos enfrentarnos a la necesidad de la reflexión teórica. Los educadores y educadoras debemos situarnos frente a nuestra conciencia para transformar la realidad transformando el propio quehacer educativo.


El reto de la Escuela en cuanto tal es el reto que tiene ante sí la sociedad entera: construir una sociedad verdaderamente democrática y justa. Y para saber si una educación es democrática bastará con probar si favorece que todos los alumnos y alumnas reciben y gozan de al menos dos derechos: El primer derecho es el crecimiento o desarrollo personal, que no es simplemente el derecho a ser más desde el punto de vista intelectual, social o afectivo, sino el derecho a adquirir los medios de comprensión crítica y a abrirse a nuevas posibilidades. Esto significa no quedar excluido del poder del discurso ni del discurso del poder. El poder de leer, de procesar información, de descubrir el currículum oculto de tantos mensajes, el poder de un pensamiento complejo para comprender la realidad.


El segundo derecho es el de la participación. Una participación efectiva a nivel de prácticas, es decir, el derecho a participar en los procedimientos mediante los cuales se construye, se mantiene y se transforma el orden. Una participación en la reconstrucción del conocimiento y en el análisis de los procesos vividos.


Debemos seguir buscando respuestas para esos retos del mundo global que nos ha tocado vivir, en el que la calidad de la democracia radica precisamente en el progresivo reconocimiento de la condición ciudadana de todos y cada uno de los habitantes de este planeta. Es esta nueva perspectiva la que reclama no ya la aspiración, sino la exigencia de una ciudadanía global.Nuestra actual escuela refuerza demasiados conceptos ideológicos alienantes, justifica a su vez no pocas prácticas improductivas y poco satisfactorias y, sobre todo, es ciega a sus verdaderos fines.


Con frecuencia, espera la Escuela y con ella muchos educadores que la administración sea quien defina sus fines, o que lo haga la industria de la conciencia a través de los libros de texto… o lo que es peor, ni siquiera esperamos; simplemente hacemos “sin cuestionarnos” la finalidad de nuestras prácticas, sean individuales, grupales o institucionales. Nos inclinamos a pensar y a actuar instrumental y técnicamente dentro de la trama burocrática sin combatirla de modo crítico ni actuar positivamente para transformarla. La burocracia, pensamos, se encargará, por otra parte, de contener los conflictos sobre fines y valores para reducirlos a problemas técnicos. Y, sin embargo, es apremiante recuperar la dignidad de decidir el para qué de nuestras acciones, rehabilitar el diálogo y el pensamiento, devolver la voz y la palabra a quienes estamos a pie de obra.


Alguien dijo alguna vez que la mejor práctica es tener una buena teoría. Pero no nos confundamos, la teoría, decía Freire, no es lo contrario de la práctica…Lo contrario de la teoría es la verborrea vacía y falta de sentido. Y lo contrario de la Práctica es la rutina, la repetición de rituales viciados y envejecidos que convierten la enseñanza en una actividad estéril”.


Visitando el zoo de Jerez y al ver al solitario elefante “Buba”, pensaba que la Escuela es tan lenta a la exigencia de los cambios sociales como un paquidermo. Ayer, alguien del público, un viejo maestro, admirador de las ideas de Freinet, nos agradecía la bocanada de aire fresco que le habíamos llevado. Y es que la Escuela está necesitada de las mejores ideas para alimentar la esperanza de una Escuela mejor, posible y necesaria.

miércoles, 14 de octubre de 2009

DIARIO DE UN PROFESOR - Página 1

EDUCAR, O EL ARTE DE “ENCENDER LOS OJOS'

Llevo días arrancando hojas de este diario. Unas y otras hablaban de manera recurrente del "imperio de los exámenes", de "los mercenarios de la tiza", del "delito de enaltecimiento de la expulsión", de nuestros "niños de la calle" (que los hay como en tantas ciudades del mundo; daros una vuelta por la puerta del Instituto cercana la hora del recreo o de la finalización de la jornada escolar, allí los encontraréis)... Pero me he prometido a mi mísmo no dejarme ganar por la desesperanza. Por ello, he pedido prestado un texto a mi amigo José María Toro, maestro y educador, que cree como yo en el potencial transformador de las emociones en la ESCUELA.


"La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estará iluminado"

(Lc. 11, 33-35)

Cuando vemos luz tras una ventana sospechamos que hay alguien dentro. Por eso, cuando unos ojos se opacan, cuando pierden su brillo y la mirada se muestra apagada nos percatamos que esa persona es como una casa vacía.

Pocas cosas me resultan tan sobrecogedoras como los ojos apagados de un niño porque me indican que salió de sí mismo, vive exiliado de su propia alma y anda errante y perdido en medio del mundo.

Un maestro debe aprender a mirar la mirada de los niños y debe dejarse mirar por ella. Ha de saber que el niño de mirada perdida no puede mantener fija su atención porque su mundo interno es un laberinto, un caos, un desasosiego, todo un universo de tensión, inquietud, ansiedad e incluso miedo.

El niño salió de su casa sin saberlo y ahora no sabe el camino de regreso y no encuentra las llaves que le devuelvan a su propio hogar.

Los ojos no son sólo el espacio desde el que miramos sino que han de ser objetos permanentes y continuos de nuestra mirada.

Mirar a los ojos es una urgencia pedagógica, un impresionante reto vital.

Devolver el brillo, la luz y la belleza a los ojos apagados de los niños y jóvenes es también una competencia básica, un contenido curricular y una eficacísima herramienta metodológica.

Iluminar los ojos de los niños es devolverlos a casa, a su casa, a su corazón.

Es maestro quien con su propia lumbre prende lo que estaba apagado, aviva lo mortecino y es capaz de hacer resurgir algo nuevo de las cenizas.

Educar es, a fin de cuentas, el arte de encender los ojos del entusiasmo y de la alegría para que todo el rostro se ilumine con el resplandor de lo mejor de sí mismo".


Repito con frecuencia que hay que hablar y dirigirse a nuestros alumnos como lo que son --- un universo de dignidad infinita...--- y no como lo que nos parecen. ¿Por qué no se enseñará en las universidades el arte de encender los ojos?


viernes, 9 de octubre de 2009

TÚ TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO (Entrevista a un tuareg)

En este tiempo de comienzos de curso en que a cada paso se levantan fácilmente pequeños naufragios personales y me parece caminar por los diminutos desiertos del desaliento, encuentro bálsamo para las heridas del alma y una gran paz interior en historias como esta. Decididamente, envidio a los tuaregs y a cuantos hombres y mujeres de pueblos sencillos nos enseñan que la felicidad, la vida, está en la simplicidad radical de la armonía con la naturaleza. No he podido evitar querer compartirla con vosotros.




Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID


No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!

Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

- ¡Qué turbante tan hermoso...!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

- Es de un azul bellísimo...

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre.... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho.. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

- Saber eso es valioso, sin duda...

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. .. ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja....

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad. ..!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

- Fascinante, desde luego...

- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor....

- Qué paz...

- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

sábado, 19 de septiembre de 2009

LOS FALANTES


José María Falantes y Ruíz fue mi bisabuelo. Para ser exactos, fue bautizado con el nombre de José María Crispín de la Santísima Trinidad. Nació en Gerena el 19 de septiembre de 1850. Habían pasado dos meses desde el fallecimiento de un hermano pequeño. Un niño de apenas tres años de edad y del cual recibiría su nombre. La mortalidad infantil golpeaba duramente la España rural del siglo XIX y anteriores centurias. Heredar el nombre de un hermano muerto no era desde luego un hecho excepcional en aquella época. Fueron sus padres Benito Falantes del Castillo y María Dolores Ruiz Leal. Habían contraído matrimonio un 4 de agosto de 1834 y llegaron a tener cinco hijos de los que vivieron cuatro: Bernardina (1835), Tomás (1838), José María y Benito (1854). Estoy por asegurar que buena parte de los actuales Falantes de Gerena proceden de estos vástagos. Y todos a su vez, proceden muy probablemente de los primeros Falantes que llegaron a Gerena con la “Reconquista”. Del primero del que tenemos noticias, sin embargo, fue un tal MARTIN FALANTES RODRÍGUEZ, hijo de Hernando Falantes y Ana Rodríguez. Corría el año de 1571.

En España sólo pueden encontrarse Falantes en tres provincias: Sevilla, Cádiz y Madrid. A excepción de los de esta última, de los cuales tendríamos que confirmar que se trata de una rama familiar gerenense que pudo haber salido de La Algaba hace unos años, todos los Falantes que podemos contar se encuentran en Sevilla y Cádiz, en su mayoría, en Gerena. En Cádiz encontramos nueve Falantes. Son los hijos y nietos de Juan María Falantes, hijo de Leonardo Falantes. En Sevilla hay 60 Falantes de primer apellido y 67 de segundo apellido. Muchos más lo llevan en tercer o cuarto lugar.

A pesar de ser una palabra de clara etimología gallega, portuguesa o asturiana (en el bable también existe la palabra falantes) y de claro significado, “hablantes”, los Falantes son un genuino “producto” de Gerena.

El pasado día 12, nos reunimos en Gerena los Falantes, descendientes del mencionado más arriba José María Falantes y Ruiz.

Nuestro abuelo o bisabuelo llegó a ser alcalde de Gerena a finales del siglo XIX (1887/1890) y a comienzos del siglo XX. Entre otros méritos tiene, según me contaba mi madre, el “haber traído” la luz eléctrica a Gerena. Fue un político liberal y durante su segundo mandato como alcalde, murió en Madrid el 16 de junio de 1914, adonde había ido para resolver asuntos municipales. Al parecer nuestro ayuntamiento, en la persona de su alcalde-presidente, pleiteaba con particulares para recuperar para el municipio, por apropiación indebida, terrenos de La Fontanilla. Allí, sin embargo, le sorprendió la muerte a nuestro buen y anciano hombre y allí fue enterrado.

Estuvo casado con JUANA VEGA SUAREZ, la “Mama Juana”, con la que tuvo de siete a ocho hijos. Sólo sabemos de quienes vivieron: Dolores, Isabel, José, Leonardo, Benito y Aurelia. Es en este orden como figuran en la esquela que el ayuntamiento publicó en su memoria. En la familia fue recordado siempre como “Papa Oché”.

Debió ser todo un personaje. Desde hace años cuento de él la anécdota, conocida de manera incompleta por muchos, y que esta antigua foto esconde en su alma de color sepia. Al parecer, Don José María acompañaba a estos dos cabreros del pueblo, “Tío Raspá” (sentado) y “Tío Molina” (de pie), para mediar en un juicio por haber invadido ambos un sembrado con sus cabras. De vuelta del juicio, se metieron en un estudio fotográfico de la capital y allí dejaron inmortalizado aquel momento. Seguramente, la primera y la última de las fotos que se hicieran aquellos dos pobres “desgraciados”. Y no digo desgraciado en sentido peyorativo alguno. Tanto el Tío Raspá como el Tío Molina habían llegado a Sevilla andando, mientras que el Señor Alcalde lo había hecho en tren. Un tren al que ninguno de los dos quiso subir sencillamente porque provocaba en ellos auténtico pánico. Pero esta historia, que también contaba nuestra madre cada vez que aquella foto aparecía en escena, vino a redondearla el abuelo Rafael Catalán, “El Cartero”, ya hace más de veinte años. Se la mostraba yo cuando, de golpe, en sus ojos ya cansados y en su tambaleante memoria, saltaron vivos los recuerdos de su infancia: “Este que está aquí sentado es el Tío Raspá. Yo me acuerdo de la copla que le cantábamos los niños cuando nos metíamos con él. Una copla que él mismo se había compuesto”:

“Yo me llamo Antonio Sáez

y por mal nombre “Raspá”

y a mi me parió mi madre

con las patas daleá”

Lo cierto es que este verano conocí a un primo al que se le ocurrió la feliz idea de reunir a los descendientes de este hombre. Parece que con los años, cuando se cruza una determinada frontera del tiempo vivido o se ha afrontado un duro golpe de salud en forma de serio aviso coronario y se han llegado a ver y a tocar las orejas al lobo, se produce en muchos de nosotros un verdadero subidón de nostalgia y de ansias de recuperar la infancia perdida. No puedo reprocharle que me haya hecho trabajar, todo lo contrario, se lo agradezco en el alma. Un trabajo al que me ha ayudado como el que más, mi amado hermano Pedro. Hay ideas que no me importa poner en práctica. Las ideas sin trabajo son ideas estériles y la idea de reunir a la familia es una idea bendita. Desde el sábado pasado en que comimos y nos emocionamos juntos debo decir que mi familia ha crecido. Allí encontré a primos y primas que no conocía y a primos y primas que, aunque poblaban las borrosas nebulosas de mis recuerdos infantiles, apenas ya recordaba. Estuve feliz reencontrándome con todos. Porque es hermoso reconocerse miembro de una familia, aunque no siempre es oro todo lo que reluce en las familias y siempre hay quien no se habla o no se soporta por esto o por aquello. Pasa en todas las familias. Todos sabemos que la “familia humana” es capaz de lo mejor y de lo peor. Pero no por ello debemos dejar de ser familia. El apellido se hereda, no así la bondad o la malicia. Ambas se recogen fruto de nuestras elecciones cotidianas. La familia, sin embargo, no se elige, te toca, y yo estoy contento con esa parte de la mía que se apellida Falantes y puebla estas tierras desde tiempo inmemorial. Me consta de Falantes que hubieran querido compartir mantel con nosotros. Es cuestión de proponérnoslo. Y, en fin…¿comprendéis ahora por qué me gusta hablar tanto?... Es que soy “Falantes” y...he vuelto.





jueves, 30 de julio de 2009

Feliz verano a todos, feliz verano a todas



Llevo demasiados días absorto en mil cuitas, unas obligadas por el salario que debo ganarme, otras por la generosidad que trato de cultivar desde la pequeñez de un corazón siempre presto a decir sí. El tiempo, de este modo, se consume y ya veis que apenas he podido atender estos hilos de comunicación y diálogo que mantengo con este universo acogedor de vuestras miradas. Pasará el verano, deseo que feliz, de todos y de todas. Y volveremos a vernos y a sentirnos, que tenemos que hablar aún de muchos mundos, compañeros. Pasaré el tiempo entre lecturas, transcripciones de agitadas vidas de muertos a causa de la infamia y, sobre todo, naufragaré cuanto pueda entre los abrazos de esas mujeres por las que me dejo robar el alma. Necesitaré, pues, traicionaros un poco para sobrevivir a los amores que mantengo. Hasta mañana. Un abrazo que os contenga a todos.

jueves, 9 de julio de 2009

Diario de un Profesor...¿de vacaciones?






Educar para una Ciudadanía Global


Debo todo lo que soy a mis maestros. Mis maestros han sido, son, sois todos aquellos de quienes he aprendido y sigo aprendiendo a cada paso. Se es educador en la medida que mantienes una permanente actitud de escucha, de recepción, de aprendizaje. Y aprender no sólo significa conocer nuevas cosas o incorporar informaciones antes desconocidas a tu bagaje cultural, aprender es sobre todo, cambiar. No somos lo que somos, sino lo que hacemos por cambiar lo que somos. Si algo debemos ser los Profesores es ser referencia de almas abiertas a lo nuevo y a lo por venir, agentes permanentes de cambio para el cambio social.


La pasada semana, del 2 al 4 de julio, con mis compañeros y compañeras de Intermón Oxfam, he asistido al III Seminario 'Educar para la Ciudadanía Global', en Los Negrales, Madrid. Allí, hemos compartido espacios y experiencias, educadores y educadoras de toda la geografía española y de otros países. Tenemos y compartimos un empeño: crear una red de educadores y educadoras que eduquemos para una Ciudadanía Global, es decir, responsable con el planeta y la humanidad, respetuosa de la diversidad, participativa, movilizada a favor de los derechos humanos y comprometida con la justicia.

Durante esos días, hemos intercambiado nuestras experiencias, nos hemos encontrado, hemos soñado y hemos trabajado. Hemos compartido también nuestras preocupaciones y hemos escuchado activamente las ponencias, hemos participado en los talleres y hemos cantado y hemos jugado y nos hemos emocionado juntos. Hemos vivido y convivido con plenitud. Me he sentido crecer junto a mis compañeros. Y todo esto en virtud de un sencillo milagro: hemos querido aprender y educarnos juntos. Porque nadie se educa solo.

Nuestro apreciado amigo Oscar Jara, educador popular, desde Costa Rica, nos recordó la frescura que Paulo Freire representa para nuestra Escuela del Norte enriquecido y acomodado. Jaume Martínez Bonafé, profesor titular del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Valencia, nos ha recordado que algunos de los conceptos que surgen del movimiento cooperativo de escuela popular y de la pedagogía de Freinet pueden alimentar esa red de educadores y educadoras que quieren crear otra escuela –y otro mundo- posible. Son las ideas de la rebeldía –“saber decir no al conformismo”-; del viaje –“es fundamental la exploración de otros lugares, pero también de otras personas e ideas”; del encuentro –“la posibilidad de coincidir y encontrarse con tus pares y saber que somos mucho más que dos”. Todos ellos conceptos que, trabajados juntos, conllevan a la creación. “Estos hilos en los que nos apoyamos son claves porque nos conducen al otro, esa es la magia de la pedagogía desde donde surge la innovación”.

Verdaderamente, congratula mucho todo esto. Alegra compartir estas vivencias, pero, sobre todo, satisface el sentirse acompañado en tus pasos en esta titánica empresa de educar. Mi amiga Chusa me recordaba “estas palabras de Eduardo Galeano que expresan el sentir, la alegría, la satisfacción de estar en el camino y la certeza de hacer lo que tenemos que hacer…”

Son cosas chiquitas,

No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo,

No socializan los medios de producción y de cambio,

No expropian las cuevas de Alí Babá.

Pero quizás desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos.

Y, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla aunque solo sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

miércoles, 1 de julio de 2009

Diario de un Profesor

En la despedida del curso.

A mis compañeras y compañeros:

Dejó escrito Freire en cierta ocasión, hablando sobre aquello de llamar a los profesores con otros nombres (facilitadotes…): “Estoy absolutamente convencido de que no hay razón para que un profesor tenga vergüenza de ser profesor, de ser educador… Yo soy un profesor y no tengo por qué esconder eso”.

Hay, ha habido y habrá siempre entre nosotros muchos compañeros y compañeras que darán altura a este oficio con su manera de trabajar y hacer las cosas. Profesores y profesoras de los pies a la cabeza. Desde la diferencia de nuestros estilos y nuestros modos de ser y de sentir, poblamos las aulas, ---también los pasillos---, de nuestro centro con nuestras enseñanzas. Venimos, permanecemos, nos vamos y… permanecemos. Los alumnos, los padres, los centros, la sociedad, aunque a veces ni lo saben ni lo expresan, terminan contrayendo una enorme deuda moral y de gratitud con los educadores. Es verdad que nos pagan por nuestro trabajo y que de ello vivimos, pero a diferencia de otros oficios a excepción del de campesino, nosotros somos especialistas en el arte de la siembra y del cultivo de la espera. Y aunque estamos a acostumbrados a que los frutos de esa cosecha se recojan la mayor de las veces en la eternidad, debemos saber que dejamos una estela permanente de entrega, en la que va lo mejor de nosotros mismos, nuestros mejores años.

Esta memoria de final de curso quiere recoger el agradecimiento a todos y especialmente a cuantos y cuantas compañeras nos han acompañados este curso y seguramente no estarán en nuestro centro en años venideros:

A Juan María, que dejará aún algunos de sus sofocones perdidos por los rincones de la pista de deportes. Bien sabemos que este trabajo no siempre te da calma, aunque siempre la necesitamos.

A Carmen Prieto, que ha estado brevemente, pero nunca una presencia tan efímera ha dejado pinceladas que perdurarán tanto. Ellas nos recordarán por siempre a nuestros amigos italianos, nos recordarán que existe la posibilidad de viajar a Ítaca y de recitar cada día a Kavafis y, sobre todo, darán cada mañana, en cada momento, la bienvenida a cuantos entren por nuestra puerta a recibir eso que damos: lo mejor que sabemos dar.

A Paloma, por cinco años entre versos, textos, faltas de ortografía y párrafos de paciencia, de dulzura, de trabajo callado, de entrega al otro antes de pensar en sí misma, de sonrisa permanente a pesar de tantas mañanas de cansancio.

A Eva, por 17 años, 13 de ellos en el IES, entregados a una comunidad, de la que ella conoce al dedillo a las familias, a la hermana de tal, a la abuela de cual. Ella conoce bien el entorno social de nuestro alumnado. Ha sabido conectar bien con él se ha preocupado por sus problemas. De ella dice alguna compañera, que mantiene un cierto halo de maestra de las de siempre, de esas de las que se aprende más de lo que enseña. Ella deja algo más que un eco, no siempre afinado, de flautas.

A Mamen, por 18 años de pelea sin cuartel por mejorar la lengua, la expresión y la comunicación de las gentes del lugar. Por su sentido de la responsabilidad y del trabajo. Tan exigente consigo misma. Por ese lado algo hermético, seguro por timidez, que no le conocemos y que a duras penas le descubrimos tierno, sensible, leal, cariñoso.

A las tres, sabemos que dejáis aquí una parte tan dilatada e intensa de vuestras vidas. Vosotras… personificáis hoy este repetido rito de la despedida del maestro, del profesor, de la maestra, de la profesora y a todos. Vaya nuestra gratitud por haberos tenido aquí y por habernos dado la oportunidad de trabajar juntos, de luchar juntos, de discutir juntos, de educar y enseñar juntos…porque con todo ello hemos podido, sin duda, ser mejores.
Hay quien ha dicho que hay tres grandes decisiones en la vida de las personas que condicionan su felicidad: dónde vivir, qué hacer y con quién compartir la vida. La más importante, dicen, es la primera. Por eso se habla de la geografía de la felicidad. Claro que muchas personas no tienen la posibilidad de elegir. Están condenadas a vivir donde han nacido porque ni siquiera pueden imaginarse otra cosa. Los profesores y las profesoras, aunque elegimos, no siempre estamos allí donde hubiéramos querido, pero a pesar de ello acumulamos años de entrega allí donde recalamos y hacemos de ello una opción de vida y de compromiso y en educación esa es la respuesta valiosa para ser felices en esta titánica empresa de educar y formar adolescentes. Es verdaderamente emocionante pensar que nos encontramos entre aquellas personas que se desviven por la educación, profesionales que acuden al trabajo con la ilusión de combatir la ignorancia y de sembrar la bondad. En esta sociedad que tan poco cuida a sus maestros, a sus profesores bien merece celebrar que hay docentes que, por oficio, dedicamos nuestras vidas a compartir el conocimiento y a formar ciudadanos. Gracias por ello. Gracias a todos y a todas por vuestro trabajo. Hemos terminado el curso, felicidades.

domingo, 28 de junio de 2009

¡Mi mujer no debería tener trabajo nunca! (II)


Estimado Jesús:


Jesús... ¿qué? Mire, no me importa explicarle una cosa a usted y a quienes entran en Tierra Próspera. Mi mujer, Beatriz Leal, para más señas hija de emigrantes y parada, se presentó a ese ya famoso Taller de Empleo por partida doble: Como potencial monitora y como alumna. Cuando fue “examinada” como posible monitora, la respuesta que le dieron (muy conocida ya para ella) fue: "Oiga, usted no tiene titulación homologada en España, no puede ser monitora". Se presentó, pues, de alumna. ¿Sabe qué le contestaron? “Oiga, pero usted tiene un título, ¿cómo pretende…?” Entonces, aquellos señores, se miraron entre sí ---eran las mismas personas---, y ellos mismos cayeron en la cuenta: ¿qué debía hacer aquella mujer? ¿Irse de nuevo a Francia y pedir trabajo allí? Es decir, no tuvieron más remedio que admitir que ella tenía un derecho que le estaba siendo negado una y otra vez. En cuanto a mi hija… ---sepa usted que ha habido y hay diversos comentarios anónimos, en este y otros blogs o foros cibernéticos---, le diré simplemente que la transparencia en aquellos asuntos que no son de mi incumbencia escapan como comprenderá a mi control y son otros los que deben darle explicaciones. Si tan seguro se está de irregularidades y enchufismos en los Talleres de Empleo, debe denunciarse en los juzgados o donde proceda. Por otra parte, debe usted saber que yo no he vivido nunca de espaldas a los atropellos de derechos, nunca. Mucho menos, de espaldas a los atropellos que puedan o pudieran cometerse con los míos. Yo ocupo mi lugar en la sociedad del mejor modo que sé. Pero le recuerdo una cosa a usted y a quienes pretenden que yo opine de todo o esté en todo: ni tengo el don de la ubicuidad, ni tengo tiempo para estar en todas partes y, sobre todo, tengo mis propias opciones y soy el dueño exclusivo de mi voz y esa la doy a las causas que defiendo, sólo a esas. Ocurre, sin embargo, que hay quienes piensan que su causa o sus posiciones son la única medida posible de las cosas. Me temo que se equivocan. Dice usted respetar mi persona, sin embargo, no me concede la presunción de inocencia. Creo entender lo que quiere decir, ya lo entiendo: Esto equivale a otorgarme cierta culpabilidad., que estoy pringado, vamos. Verdaderamente, como diría mi maestro, soy un pecador, lo confieso. Pero no todos somos iguales, señor, no todos, aunque usted lo piense en el fondo. Debo decir que no tengo un sólo ápice de poder y el poco que me concede la ley en el terreno educativo lo comparto cada día con mis compañeros, pregunte. Como ha podido observar, no quito comentarios. Todo el mundo opina libremente en esta “Tierra Próspera”. Considero que todas las censuras son dañinas. Me gusta el diálogo. Pero seamos honestos, los anónimos juegan con ventaja y con las cartas marcadas siempre. Por último, sólo decirle que le admiro mucho su capacidad psicoanalítica al atribuirme "sentimientos de culpa y frustración no manifestados". Suelen ser siempre los argumentos más demoledores cuando tratamos de acabar con el contrario. Son los argumentos inapelables. Es como decir: “Ahí le he dado”. Sepa que lo que me rebela verdaderamente es luchar contra francotiradores ocultos que tiran desde las azoteas del “insinúa (calumnia) que algo queda” con la intención de herir. No se oculten los anónimos y desconocidos en expresiones como “bonitas palabras, pero…”, "no sé si será su caso", "sin irnos por las ramas", "no hablar del abuso de poder"... Igual es a usted y a sus amigos a quienes corresponde hablar de ese abuso de poder y no señalar que otros lo hagan. En fin, cuando usted quiera, en la plaza pública, a la luz del día o de las estrellas, debatimos lo que usted desee, es el único modo de hacer prevalecer la verdad. Si de veras soy todo lo que late bajo sus palabras, si verdaderamente, usted y sus amigos piensan que soy así, entonces, ¿qué hacen perdiendo su tiempo en lugares como este y con personas como yo?.. No me importa dar explicaciones, me encanta dar explicaciones, pero, ténganlo claro, no soy yo su hombre. Soy un muy modesto educador y esa finalidad tiene todo lo que escribo,…todo lo que siembro. Siento, en todo caso, si a alguien aburren mis cosas, pero soy tan sólo un hombre corriente. Discúlpenme por ello.

sábado, 27 de junio de 2009

¡Mi mujer no debería tener trabajo nunca!


Distinguido señor anónimo:


Una y otra vez ando prometiéndome no contestar anónimos. Pero una y otra vez, hable de lo que hable, siempre hay alguien que con intención o no de agredir, juega a hacer daño. Y en este caso no es el daño que usted me haga a mí. Soy fuerte ante estos lances. Pero conozco a quienes me rodean y en este caso sé cuánto han sufrido la discriminación y la exclusión. Además, debe usted saber, señor anónimo, que hay dos cosas por las que daría la vida. Moriría por la defensa de la verdad y de la justicia y, sobre todo, por la defensa de los seres que amo. Ya que me da la oportunidad, le explicaré que debe usted saber que el trabajo es un derecho individual. Este ha sido el sentido de las luchas obreras desde hace siglos. Han sido los trabajadores los primeros que han reivindicado siempre el sentido profundo del trabajo no sólo como un modo de vivir y sustentarse, sino como una manera de realizarse y ocupar un lugar en la sociedad. Ni mi mujer ni la de ningún hombre "tienen a derecho a no trabajar" por el derecho de que sus maridos trabajen. Aspiro, es cierto, a una sociedad igualitaria en la que tal vez las rentas familiares serán verdadera y justamente tenidas en cuenta como un indicador de justicia distributiva. Es más, desde ahora le manifiesto que estoy dispuesto a cobrar menos para que otros trabajen, pero eso no puede pasar nunca por la exclusión de otros ni por la negación de los derechos individuales de los demás. Si usted tuviera rostro, nombre y apellidos, me gustaría decirle estas cosas mirándole a los ojos. Porque es usted de esas personas que, aún sin pretenderlo, van haciendo daño a los demás con sus comentarios llenos de prejuicios. Y se las diría a la cara, como se las diría, por ejemplo, si se terciara, a la Señora que, al ver que mi mujer había sido seleccionada por el INEM para el Taller de Empleo, y no por razón de pócima secreta alguna, también comentó que "qué falta le hacía a ella trabajar si su marido tenía trabajo". (Perdone que no me extienda en esto para no asquearme por tanta ignorancia y mala intención) Tal vez piensen usted como aquella señora, claro, que mi mujer deba ser condenada a la perdición de no tener trabajo nunca jamás. Sepa usted que mi mujer dejó de tener el sencillo trabajo que ejercía hace ya muchos años por su condición de hija de emigrantes españoles. Tenía titulación extranjera, dijeron. Nadie nos ha pedido nunca disculpas por nada de aquello y hemos sufrido juntos la más ignominiosa de las afrentas e injusticias que suponen que te desprecien en tu propio país. Hablaría hasta el infinito sobre esto, pero soy de los que no puede vivir con rencor en el alma y trato de olvidar historias pasadas. Pesan sobre nuestras espaldas y terminan curvándonos el alma. De lo contrario, sería imposible la convivencia con determinadas personas a las que debo tratar a diario. Aparte de ello, practico el perdón como práctica liberadora de lo que nos oprime el corazón. Si usted quiere, como me conoce y sabe donde vivo, ya que está al tanto de los avatares de mi situación familiar, venga a casa a charlar. Eso sí, deje la mala leche en la calle, me gusta sólo la buena gente. Creo de veras, que usted se equivoca en la dirección de su presunta crítica, apunte más bien a los que vota o a los que practican el enchufismo. Puedo asegurarle que carezco de poder alguno. Yo no soy un ser perfecto, por supuesto, pero no le será fácil encontrarme tachones como los que pretende otorgarme o los que me otorgan otros sobre mi mujer o mi hija. Eso sí, asumo ser una persona conocida y, en consecuencia, potencial diana de tiradores encapuchados como usted. Es un riesgo que asumo. Cuando quiera, nos tomamos unas copas y le contesto a sus preguntas, a su rabia o, sencillamente, a su ignorancia, es decir, a lo que desconoce y le permite opinar como si lo supiera todo sobre mi. En cuanto al dinero que honestamente gano, es verdad que es más de lo que ganan tantos necesitados, pero es mucho menos de lo que imagina. Puedo asegurarle que los profesores tenemos un sueldo muy normalito. Eso que gano lo invierto en el mantenimiento de los míos y, también en ayudar a todo el que puedo, especialmente a amigos y familiares en apuros en estos tiempos de crisis. También, constribuyo con mi modesto salario a organizaciones que luchan contra las causas de la injusticia en el mundo. Siempre hemos sido desprendidos y generosos, cultivamos en lo posible esos valores. Sólo me inquieta saber por qué me agreden continuamente seres anónimos como usted con mensajes insidiosos. ¿Ha visto por casualidad algún insulto o agresión en una sola de las palabras de mi blog? Le admito apuestas ¿Le he hecho daño en algo? Dígamelo para presentarle mis excusas, por favor, para restituirle el daño ocasionado, de veras. Admito mis limitaciones y mis contradicciones, pero mi vida, mis ideas, todo eso que está en mi blog, es transparente y limpio. ¿Por qué me agreden ustedes en lo que más quiero: los míos? Yo no soy un político profesional. No soy ni seré, puedo asegurárselo, candidato a nada, sólo aspiro a ser buena persona y a hacer el bien. En fin, un abrazo, amigo anónimo, un fuerte abrazo. Nunca encontrará en mí el desprecio, nunca.. Además, no me ha importado nada dedicarle este tiempo.

jueves, 25 de junio de 2009

Esta es una historia real: "Pollo a la carta"


Quitad música al blog haciendo clic en el símbolo que aparece en el ángulo superior izquierdo del visor de "Mis admirados maestros", junto a la palabra slide y la estrellita amarilla. A continuación, os pido, por favor, que pinchéis en esta dirección y veáis el cortometraje. Son apenas 6 minutos. Tras ello, si queréis, dejad un mensaje. Me gustaría compartir sentimientos con vosotr@s.

http://www.cultureunplugged.com/play/1081/Chicken-a-la-Carte

martes, 23 de junio de 2009

Diario de un Profesor... en la entrega de un Premio



QUE ALGUIEN TOME NOTA, POR FAVOR, QUE ALGUIEN TOME NOTA

La miraba de perfil desde mi asiento entre el público. Elegante, algo tensa tal vez, como en las conexiones en directo. Con las manos fuertemente agarradas al atril, comenzó diciendo: “Pasamos nuestra vida conviviendo y trabajando con las palabras…buscando las más precisas y a veces, agonizamos en ello... Lo mejor es, sin embargo, lo más sencillo: gracias de corazón”. Me pareció muy hermoso. Y siguió: “El periodista nunca debe ser el protagonista y me siento incómoda a este lado de la información…Los premios regocijan el rincón del ego…pero este premio me permite…y me reconforta en una nueva etapa de mi vida: …Ahora, soy prejubilada… Hablo…de la supresión de un plumazo de la experiencia y de la memoria de un servicio público” ---Se refería, claro, a la regulación forzosa realizada por TVE y que ha expulsado de la “casa” a excelentes profesionales ---. “…Pensé yo que era bueno ir de la mano los veteranos y los jóvenes, pero, en fin…” “Hablaba recientemente en Lisboa con Saramago y él me decía: No es que sea pesimista, pero es que el periodismo de hoy está pésimo”. Yo, en mi silla, no me resistía a pensar una y otra vez si alguien no estaba tomando buena nota de lo que escuchábamos todos en ese momento. Y continuó Rosa Calaf: “La cuestión es que la noticia se ha convertido en mercancía… La censura de hoy es el mercado…Vivimos un diluvio de noticias insignificantes y de personajes irrelevantes…el periodismo está amenazado y no está al servicio de los ciudadanos… El marketing y el mercado engullen al periodismo riguroso y a la buena información…” En mi silla, pensaba que, al fin, un año, me reconfortaba plenamente ir al Premio Alonso Vicedo, por primera vez he sentido en mí emociones profundas. Ella seguía con su familiar voz diciéndonos que… “Este reconocimiento me permite unir mi voz a la defensa de esta profesión, a la defensa de los derechos y las libertades que tanto nos han costado y que muchos han olvidado…” “Me sirve para recordar, también, a los periodistas locales, verdadero sostén del periodismo” ---Entonces me acordé yo de Pepe Ortiz, de nuestro “corresponsal” en la prensa…tantos años. ¿Qué premio tenemos para él?--- “Y, sobre todo… ---siguió la Calaf---, …para defender que el periodismo no se convierta en otra cosa”. Al finalizar el acto, ---sin prejuicios hacia esa lengua hermosa que hablan todos mis amigos catalanes y cuyo especial acento me gusta escuchar cercano---, me acerqué a ella y le espeté: “Benvingut al nostre poble”. Ella me contestó en catalán y con una sonrisa: moltes gracies” . Le solicité un mensaje para los alumnos y alumnas del Instituto de Gerena. Ella escribió: “A LOS ALUMNOS DEL IES GERENA: EN ESTE MUNDO HAY MUCHOS MUNDOS Y CONOCERLOS ES UNA ENSEÑANZA. VIAJAD PARA COMPRENDER A “LOS OTROS”. SIEMPRE SE APRENDE Y SOLO EL SABER TE HACE LIBRE. SED CRÍTICOS PARTIENDO DEL CONOCIMIENTO. DESCONFIAD DE LO FÁCIL PORQUE SÓLO CON ESFUERZO SE LOGRA AUTÉNTICA SATISFACCIÓN. PASADLO BIEN, PERO ELIGIENDO, NO DEJÁNDOSE ARRASTRAR. INTERESAOS, TENED CURIOSIDAD, VIVID CON ENTUSIASMO Y ESTAD SEGUROS DE QUE CON DETERMINACIÓN, HUMILDAD Y RESPETO ¡SE PUEDE LLEGAR A LO QUE QUERÁIS! CALAF 2009” . Antes de despedirme de ella agradecido, fui testigo de la pregunta que le hizo Pepe Salguero, nuestro cura: “Rosa, tú que has estado en tantas partes, ¿cuál es en tu opinión el problema más importante que tiene el mundo hoy? No dudó un segundo: “La injusticia, las enormes desigualdades entre los seres humanos…” ¡Cuánto hay que desbrozar entre las noticias de cada día para encontrar esa mirada!

viernes, 29 de mayo de 2009

Un pueblo que camina









La han mirado. Cruzan con ella continuas miradas de complicidad. Le han pedido que les cure, que les ayude a salir definitivamente de su visita a los infiernos del cáncer, de la enfermedad, de la necesidad. Que les haga superar este momento difícil de la operación, del paro, del próximo parto, del pago imposible, de los dolores tan insoportables…de la hija, del padre, del hermano. Que superen ese examen que tanto se les resiste, esa prueba de dificultad extrema, que les toque incluso, algún premio para esos arreglos con que sueñan, para poder respirar en el futuro. Son tan gratuitos los ruegos… Ella no cobra por ellos. He visto sus miradas húmedas de súplicas. Recorren todos ellos el camino y en su andar confían, escoltados por palmas, esparragueras y tomillo, alcanzar el favor de esta pequeña madre de corazón inmenso y alma acogedora. Otros, sencillamente, charlan, sonríen, cantan, comparten este caminar fraterno, para unos tradición, para otros promesa, para algunos, la rutina bullanguera de cada año, el pretexto para lucirse a solas o en caballo. Muchos, sin más, no creen, es la obligada y repetida costumbre del calendario, la excusa oportuna para el reencuentro. Y avanza, desmigajada o abigarrada, próxima, lejana, delante, al lado, detrás, descalza, en silencio, en rezos, desentendida, ajena, sentida…esta comitiva polvorienta de fe y vecindad. Como cada primavera, como desde hace siglos, como la humanidad entera que busca respuestas en su peregrinar… Y siento que quiero a mi pueblo y a su gente, mi pueblo, mi gente. Siento que lo quiero.