2002

miércoles, 6 de mayo de 2009

Diario de un Profesor...republicano


MEMORIA, HISTORIA Y EDUCACIÓN

A mis amigos y anónimos, con humildad y respeto:

De veras que siento ser un profesor tan peligroso. Pido perdón desde aquí por aparecer ante algunos miembros de esta comunidad como un educador que somete continuamente a sus alumnos a una situación de auténtico riesgo vital por el mero hecho de atreverme a estar con ellos y, por supuesto, por tratar de educarlos ¿Cómo una persona de mi talla intelectual y moral puede atreverse a enseñar Historia de España a estos adolescentes del siglo XXI, del futuro? Quiero que disculpen mi osadía, por favor. De veras que pensé ser digno de tal oficio. ¿Cómo puede un republicano convencido enseñar en la España de la Monarquía Constitucional y cobrar un sueldo por ello? ¡Habrase visto tamaño despropósito! Pido encarecida y públicamente perdón por el hecho de que la educación pública esté en manos como las mías, tan marcadas por la continua manipulación de la verdad histórica, única y verdadera. Debo decir que siento haber sido formado por educadores religiosos que me transmitieron firmes convicciones en las que sustento buena parte de mi visión de la vida y del mundo: estar siempre del lado de los perdedores y, también, de dar mi vida si es necesario para que todo ser humano, de cualquier condición e idea, pueda vivir y expresarse en digna libertad. ¿Debo poner por testigos de ello a mis cientos de antiguos alumnos que desde la etapa de la educación primaria a la universidad han vivido en riesgo a mi lado? Lamento saber tan poco. Siento hoy como nunca que mis ignorancias se me clavan en mi modesta alma educadora. Siento ser uno de esos culpables del fracaso escolar que tanto nos avergüenza. Pido disculpas a la luz del día y ante todos por tener en el despacho de la dirección del centro en el que soy director unas pocas fotos: la de un profesor de Instituto, un tal Antonio Machado ya envejecido y encogido y triste por el peso del exilio, la derrota y la muerte que le esperaba tan pronta. ---Bueno, quizás sea la imagen del maestro Juan de Mairena--- La otra foto es la de un maestro y sacerdote que me ha enseñado casi todo lo que sé de la Escuela: Lorenzo Milani. Debo decir que estoy seguro de pocas cosas, es verdad. He vivido siempre en la duda permanente. Así me lo enseñaron. Decía recientemente Caballero Bonald que “el que no tiene dudas es lo más parecido a un imbécil”. De ahí mi actitud permanente de búsqueda de la verdad. Pero de lo que sí estoy totalmente seguro es que no me hubiera importado correr la suerte de aquellos cientos de maestros y profesores que se comprometieron con la II República y terminaron, humillados, depurados o fusilados por el impagable gesto de participar del afán republicano de extender el conocimiento entre los campesinos iletrados. Hoy, desde mi modesta opinión, se ha abierto paso una visión estereotipada de la historia de la guerra civil española, fundamentada en el revisionismo de las viejas interpretaciones franquistas de los documentos de la época y de los manuales escolares de la escuela del nacionalcatolicismo (aunque esto lo ignoren los que la utilizan y la arrojan a la cara de los defensores de la causa republicana). Y al amparo de ella, seguro de lo que se dice, sin ninguna clase de dudas, se sigue condenando a militantes de izquierda o a trabajadores de la enseñanza y nos exigen no remover nada y dejar en paz a los muertos. ¿Cuándo y cómo superará España su Guerra Civil? ¿Dejando correr un espeso velo de silencio que dure mil años? Siento pensar que es necesario, cuanto antes y sin perder más tiempo, hacer justicia con los olvidados y con la propia II República. Siento discrepar. Y es desde la más respetuosa discrepancia que quiero afirmar que para superar los errores de nuestra historia común, cerrar las heridas aún sangrantes del pasado y enterrar definitivamente el miedo es necesario continuar la batalla por la Memoria que algunos hemos emprendido como una tarea educadora, educativa y verdaderamente superadora de los traumas que arrastra la sociedad española. Esto lo han hecho otros pueblos que han atravesado guerras civiles o situaciones de verdadero trauma nacional.. Esto empezará a hacerse realidad no cuando escondamos nuestras miserias debajo de las alfombras de lo que tanto nos avergüenza. Sino cuando asumamos colectivamente, de modo parecido al duro ejercicio al que debió someterse la sociedad alemana en relación a su experiencia histórica con el nazismo, que:

1º.- La Segunda República Española no fue como algunos repiten una y otra vez un régimen político que nació de mala manera y con un final trágico escrito de antemano.

2º.- La Guerra Civil se produce por efecto de un golpe de estado que no llegó a triunfar en sus inicios como estaba previsto al encontrarse con una resistencia popular en defensa de la República.

3º.- La única responsabilidad histórica de una guerra tan cruel debe recaer sin ningún tipo de dudas sobre los militares y civiles que conspiraron ya desde los primeros días de la República.

4º.- La Dictadura de Franco nació de la violencia y vivió gracias a la represión durante décadas.

5º.- Muchas de las victimas de esa violencia aun siguen enterradas sin nombre en baldíos, cunetas y tumbas anónimas y colectivas de cementerios.

6º.- Existió una resistencia social y popular a la dictadura, fuertemente reprimida durante décadas, que contribuyó decisivamente al debilitamiento del régimen y el advenimiento de la democracia.

Algunos, de manera sencilla, poniendo oído atento a las explicaciones de los supervivientes de esta época difícil, nos hemos comprometido con la defensa y divulgación de estas afirmaciones históricas, ampliamente refrendadas hoy día por la investigación historiográfica y por la fuerza de los hechos, pero sistemáticamente negadas y tergiversadas por el poder franquista y en parte por el propio poder democrático. A pesar de la incomprensión de muchos, estos es lo que constituye el meollo y la esencia de la lucha democrática por la recuperación de la memoria histórica. A pesar de la contestación de determinados sectores sociales y políticos y religiosos de la España actual, la exhumación de victimas y desaparecidos, el apoyo y asesoramiento a familiares y allegados, la exigencia a los poderes públicos para que de una vez asuman y ejerzan la responsabilidad democrática de dignificar a las victimas y condenar siquiera moralmente a los verdugos, tienen siempre un doble y entrelazado objetivo: Se trata, claro está, de acabar con la mentira y la ocultación del pasado, mostrando al pueblo español los rostros y los nombres de los asesinados, entregando honradamente sus restos a familiares o descendientes y enarbolando la dignidad que nunca perdieron pero que se les negó primero desde el poder franquista y después desde la Monarquía Constitucional. Pero todo este esfuerzo colectivo de recuperación de la memoria debe proyectarse hacia el presente y hacia el futuro: Reconstruir la memoria democrática de la ciudadanía, rescatando del interesado olvido el hilo de lucha democrática y antifranquista que nunca se rompió, desde los últimos días de la República hasta la agonía de la dictadura. Memoria democrática que debe convertirse en conciencia política del presente, reconociendo que el único antecedente legítimo en el que puede enraizarse nuestra democracia actual es el régimen de la Segunda República, último depositario de la soberanía popular hasta el fin del franquismo. Es difícil para muchos entender esto, pero así son las ideas de quienes empujan el carro de la Memoria.

Por último, y aún a riesgo de ser más incomprendido, quiero decir también que este afán de recuperación de la memoria histórica debe hacerse en las aulas e instituciones culturales y educativas. Se trata de suscitar el debate y difundir propuestas alternativas sobre la contribución y la responsabilidad del sistema educativo y cultural en la desinformación y desconocimiento de nuestro pasado inmediato que caracteriza en buena medida a la sociedad española actual. Mi trabajo con mis alumnos, como el de otros muchos profesores y profesoras de España, trata de fortalecer lo que podríamos llamar un frente cultural en el más amplio sentido del término, incluyendo aquí la reivindicación de la memoria y los testimonios orales como un método veraz y fiable de conocer e incluir en el relato histórico las vivencias y los puntos de vista de las clases populares. Y que nadie siga teniendo miedo, esto hará a nuestros alumnos, más libres. Estarán menos oprimidos por el peso de nuestros prejuicios y de nuestras deformaciones.

Quiero agradecer por último, a mis anónimos amigos el que alienten en mí mi afán de ser mejor. Siempre trato de ver el lado positivo de la crítica, aunque a ella se le vea clara intencionalidad demoledora y hasta insultante a veces. Soy siempre una persona optimista, esperanzada, no sé mirar de otro modo la realidad cotidiana. Debo decir que no suelo contestar a anónimos. Tal vez el anonimato no sea más que otra herencia del franquismo sociológico tan presente en nuestra sociedad. A mi amigo José Manuel Limia debo reconocer y agradecer su coincidente visión del asunto. A Rafa, que vuelva a leer a Limias, seguro que encontrará tras su homenaje a Ionesco, lo que en un principio no supo entender. A José Juan, la poesía. Nada mejor que la poesía para combatir por la verdad en la que creemos. A todos los demás, Jero y Luismi y a cuantos vengan…por hacerme el honor de ser leído. Es un lujo contar con todos vosotros. A todos, conocidos y anónimos os abrazo.


lunes, 4 de mayo de 2009

Ahora que se ha ido este abril republicano

"LA MEMORIA ES LA PALABRA DEL ALMA"







Palabras pronunciadas con motivo del homenaje tributado a las mujeres de Guillena asesinadas en el cementerio de Gerena en 1936.


Hubo un tiempo en que no se hablaba de ciertas cosas. Sólo los silencios y los suspiros poblaban muchas de nuestras casas en el pueblo. En unas, del abuelo no se hablaba; de la abuela, no se decía nada; de padre…que nadie supiera, por Dios, que fue un rojo; que nadie se entere de que a madre la pelaron…que al abuelo lo mataron en una cuneta, que a tu tío se lo llevaron al cementerio de Olivares…o al de Guillena…o al de Gerena. Hubo un tiempo, también hay que decirlo, ---y esto es algo que he empezado a conocer ahora--- en el que aquel opresivo silencio terminó por aplastar la valentía de muchas mujeres, sobre todo mujeres, que señalaron con el dedo acusador la ignominia y la impunidad de muchos de los asesinos. Hubo un tiempo en el que enorme peso de la verdad poblaba silencioso toda la realidad oficial impuesta por la ley de los vencedores.

En aquel tiempo, yo crecí en una casa donde siempre estuvo colgado de la pared un enorme diploma, festoneado con banderas triunfantes y míticos personajes celestiales, en el que se recordaba que un hermano de mi madre murió gloriosamente luchando por Dios y por la Patria. En aquella casa, verdaderamente, nunca terminó la guerra. Pero no era la única. Había en el pueblo otras muchas, pero, aquéllas, sin diplomas en sus paredes. y sólo alguna foto escondida en habitaciones poco transitadas. Aquel niño se preguntó más de una vez: ¿Qué guerra había sido aquella? ¿Contra quién peleó tan bravamente aquel soldado sostenido por ángeles guardianes? Esto tardé mucho en aprenderlo.

Desde pequeño, conocí en la Iglesia del pueblo una enorme cruz de granito levantada para recuerdo de unos héroes. Más de una vez, sentado en sus escalones, señalé el nombre de aquel valeroso soldado que yo conocía. Pero seguí sin saber qué guerra había sido aquella. Aprendí muy pronto desde la escuela, las gestas y los nombres de los protagonistas de la CRUZADA contra el comunismo y la barbarie. Nadie me contó que hubo otros caídos, otros combatientes, otros valientes.

Yo cantaba entonces, muy feliz en la escuela, el “Cara al Sol” y aún siento lo bonito que nos parecían nuestras formaciones gimnásticas y desfiles militares mientras izábamos en el patio aquellas banderas que aparecían en el diploma de mi tío.

Y pasó el tiempo, y ya cuando tocábamos con la punta de los dedos la libertad democrática, cuando al fin tocaba contar y escuchar la verdad toda, entera, desnuda, y hacer justicia a los olvidados de aquella guerra, los dirigentes de la época, ellos, tan sabios, que habían vivido la guerra y un largo exilio y penosos años de cárcel, nos repetían: tolerancia, moderación, RECONCILIACIÓN NACIONAL… Y yo y muchos les creímos. Nadie hablaba entonces de Derechos Humanos, pero les creímos. Era necesario demostrar, nos decían, que no veníamos con ánimos de revancha y había que afianzar la democracia. Y casi nos hicimos monárquicos: ¡Qué tipo tan salado este Juan Carlos que nos ha traído debajo del brazo la democracia! ¿La República? ¡Qué República! ¿Murió alguien por ella?

Porque aún había miedo, mucho miedo. Y vino un 23 de febrero y se comprobó que aún ese miedo formaba parte del ADN social de los españoles. “Chiss…hay que seguir callados”. “Y no es pesado ese "Taquito" con su lista de fusilados”…oí decir hace más de treinta años a algunos dirigentes locales de la izquierda.

Y han pasado más de setenta años. Y a pesar de las indemnizaciones, del cambio de las lápidas, de los homenajes a la corporación republicana o de las jornadas sobre la memoria…aún seguimos, al menos colectivamente, desmemoriados.

Llevo más de dos años desenterrando muertos del olvido, reconstruyendo vidas perdidas y pidiendo a mucha gente que me cuenten a mi y a mis alumnos sus historias y poniendo cara a las víctimas olvidadas de aquella guerra. ¿Y sabéis qué encuentro aún?: “¿Para qué remover esto?” “¿Por qué sólo los muertos republicanos si hubo muertos en los dos bandos?” “Pero…¡si aquello fue una guerra entre hermanos que perdimos todos!…”

En este tiempo de búsqueda entre las ramas de aquel tiempo tan desconocido de la Gerena, de la España de comienzos de los años 30, ---y esto debemos decirlo alto y fuerte--- lo que encontramos en este y en otros pueblos, es la historia de una comunidad dinámica, de una clase obrera organizada, con sindicatos fuertes, con hombres y mujeres, con personas, excepcionales, entusiasmadas todas ellas con la idea de cambiar la España atrasada, pobre y hasta miserable que les tocó vivir. Gentes que creyeron, frente al poder de la iglesia y de los terratenientes, en los ideales del socialismo, del anarquismo, del republicanismo… y que apostaron por la República como un modo de superar las lacerantes desigualdades sociales y de romper los privilegios de siglos de unos pocos. Eran jornaleros, picapedreros, amas de casa. Mayores y jóvenes. Muchos de ellos y de ellas, analfabetas. Pero, sin embargo, aficionadas al teatro, amantes de la cultura…personas abiertas al afán transformador y a aquel cambio social, que se reveló imposible, de la II República.

Por eso fue tan profundo el daño causado por el golpe de Estado: No sólo infringieron un infinito dolor en tantas familias, sino que hicieron que España descendiera muchos peldaños, de la mano del ejército, de la iglesia y de los terratenientes y banqueros, hacia el atraso económico, político, social y cultural que hemos arrastrado y arrastramos.

Es ese ideal por salir de la ignorancia y superar las injusticias sociales, lo que llevó a la muerte a nuestros familiares hoy homenajeados.

De ellos podría contaros muchas historias. Vosotros las conocéis como yo. Todas son crueles, duras, difíciles de digerir. Historias que hablan de la sinrazón y de la violencia que una guerra desencadena. Es verdad que hubo, como en todas las guerras, excesos de una y otra parte. (Aquí en Gerena, desde luego, no lo hubo por parte de la gente de izquierdas. Y así lo demuestran los hechos y los testimonios sobre unos dirigentes locales, especialmente uno, de una entereza moral que logró, que lograron, impedir cualquier intento de represión o violencia contra las gentes de derechas).

Todo el mundo de la investigación histórica seria viene a resaltar la crueldad de la represión ejercida por los vencedores allí por donde extendían su dominio y, sobre todo, después de terminada la contienda. No debemos olvidar que la responsabilidad principal recae en quien rompe primero la baraja de las reglas del juego democrático. Que no se olvide que quienes destruyeron la legalidad fueron los generales que se alzan en 1936. Son los hechos y sus consecuencias los que cuentan. Los testimonios que he escuchado de los familiares de los represaliados por las fuerzas militares fascistas y sus aliados civiles falangistas, nos confirman que es necesario aceptar esto para enterrar definitivamente los fantasmas de una guerra civil que pretendió el exterminio del otro por el simple hecho de haberse atrevido a pensar diferente, haber osado afiliarse a un sindicato, haber bordado una bandera socialista o republicana, haber actuado en una obra de teatro, o haber celebrado de manera entusiasta el uno de mayo…

Pero entre todas las historias, hay dos que quisiera mencionar. Una de ellas, el ajusticiamiento cruel e inhumano, que no fusilamiento (Hay motivos para pensar que no fue un fusilamiento de espaldas a un paredón como los que estamos acostumbrados a ver en fotos o películas), de diecisiete mujeres de Guillena. Este el acontecimiento más dramático de cuantos tuvieron lugar en Gerena a partir del levantamiento militar. Hay muy diversas versiones sobre el número de víctimas y sobre la fecha, sin embargo, el único indicio documentado nos señala que es muy posible que este hecho aconteciera entre los días 22 ó 23 de octubre de 1936. ---Otros hablan de finales de aquel verano---. Pero de uno de esos días, existe una diligencia realizada por la Guardia Civil en esa fecha, en la que se hace constar que, en Gerena, se ha realizado un procedimiento a más de 20 rojos y se detalla en ella que uno de ellos llevaba 27 pesetas consigo. Parece que los militares eran escrupulosos en el cumplimiento del deber: se mataba sin escrúpulos, pero, eso sí, se respetaban los bienes de los desgraciados que eran fusilados. Fuera en la fecha que fuere, entre ellas iban dos mujeres muy ligadas a Gerena: Ramona Puntas Lorenzo, la suegra de Fernando "Tragaduro" y Natividad León Hidalgo, la madre de "El Guillena". Ellas, todas ellas, son vuestras, nuestras, “17 rosas”. Tenemos varios testimonios indirectos sobre este hecho. Pero os diré que hay alguien, vivoi aún, que fue testigo directo de aquel hecho luctuoso. Él era entonces un niño y, subido a un olivo, vio íntegramente lo que sucedió dentro de este cementerio.

El otro suceso es posterior en el tiempo, ya en 1937. Es muy probable que el 23 de noviembre de 1937. Siete hombres de Gerena (otros hablan de nueve) fueron conducidos al cementerio de Guillena. Son nuestros, vuestros, “siete claveles”.

Estas flores, unas y otras, están en el camino de nuestra historia común. Es la HISTORIA que no podemos olvidar y, mucho menos, temer. La historia, la gran fuerza de la historia, en una sociedad libre, es su capacidad de enseñarnos a no cometer los mismos errores. Nuestros muertos nos recuerdan, deben recordarnos siempre, que el proyecto social de la República fracasó por las armas, pero en su fracaso estaba su éxito. Setenta años después vemos con mayor claridad que aquella España no sólo fue la esperanza en pleno auge de los fascismos que llenaron Europa de muerte y desolación, sino que hoy, setenta años después, también es la esperanza para emprender caminos en la misma dirección de aquella transformación social que ansiaron los republicanos. Por eso tiene sentido seguir siendo fieles no a los muertos, sino a la causa de justicia que defendieron. Es esto lo que debemos tratar de enseñar a las jóvenes generaciones y educarlas en el recuerdo de quienes amaron la libertad. Porque de la desmemoria sólo puede nacer la ignorancia y la ignorancia sólo conduce a la intolerancia. A todas las víctimas de la intolerancia debemos, al fin y al cabo, nuestro disfrute de la libertad.

Antonio Álvarez, ese dirigente local que supo estar a la altura de la magnanimidad y tolerancia que exigieron los acontecimientos de aquel negro 18 de julio, escribió a sus hijos antes de ser fusilado en una de sus muchas cartas: “Cuando seáis mayores, obrad como yo he obrado, aunque tengáis el mismo pago que yo obtengo”. Él, como todos nuestros muertos, nos indica el camino a seguir. En Gerena, 19 de abril de 2009

domingo, 19 de abril de 2009

LA TERTULIA PEDAGÓGICA DEL IES GERENA



¿Qué es una buena ESCUELA? ¿Qué finalidades educativas debe proponerse un centro para ser una buena escuela? ¿Cómo deberían trabajar profesores y profesoras para alcanzar las mejores metas? ¿Cómo deberían trabajar los alumnos y las alumnas para sentirse motivados y encontrarle sentido a las tareas escolares? ¿Qué papel deben jugar padres y madres? EL PRÓXIMO LUNES, DÍA 27, vamos a poder intercambiar ideas sobre estos temas. El próximo lunes, 27 de abril, a las 19:00 h. nos vemos en la TERTULIA PEDAGÓGICA DEL IES GERENA. Os esperamos.

sábado, 18 de abril de 2009

Diario de un Profesor (XV)


GRACIAS A SUSAN BOYLE


“No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra

cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de

ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.”

(HERMAN HESSE, 1877-1962)


Mirémosla bien. ¿Habríamos reparado en ella en el supermercado o en la calle? ¿Le hubiéramos sonreído? Admitamos que con frecuencia sólo nos dejamos llevar por las apariencias. En una escena de la película, ¿recordáis?, el padre le dice a Matilda: “La apariencia es el 99 por ciento de la verdad”. Y así es. En esta sociedad hedonista, ensimismada en el valor supremo de lo agradable, de lo bello, de lo bonito, de lo llamativo, de la marca que luce y distingue, de lo lujoso si es posible, parece que sólo cuenta el éxito del dinero o del cuerpo, eso es lo único importante. Y en esa batalla diaria, orquestada por la publicidad y los medios, es el mensaje que se les lanza a nuestros niños y a nuestros jóvenes. Todo vale para alimentar el negocio. Y así, nuestros jóvenes, nuestras jóvenes, especialmente ellos y ellas, en una inmensa mayoría, se rompen el culo por aparentar estar a la moda, ser los más bellos, vestir al día, calzar lo mejor, ir conjuntados con los complementos adecuados… Ya desde los 11 años van repintadas y supermaquilladas al instituto en un afán de igualarse, de ser mayores, de aparentar adultez, de agradar claro… y tiene quizás su lado positivo la cosa: Es, en ocasiones, un grito de libertad. Pero ¿dónde queda el rostro escondido de nuestra belleza interior? ¿Cultivamos esa belleza de los valores del alma, esos que nos hacen aún más libres? Me ocurrió en cierta ocasión que expliqué a un padre que su hijo era solidario, generoso, ayudaba a los demás, se implicaba en las tareas de la clase, era trabajador…y terminó preguntándome: Pero…¿ha aprobado? Susan Boyle nos ha demostrado que no debemos dejarnos llevar por las apariencias, que a veces, lo que sale de dentro es más hermoso que el envoltorio externo que tanto nos preocupa. Dice ella, a sus 47 años, que nadie la besó nunca. Probablemente, hasta ahora, ha pertenecido al inmenso ejército de los que nunca han ganado nada, ni siquiera una sencilla mirada de aceptación. Sin embargo, llevo unos días que para sentirme exultante y emocionarme escucho su interpretación y me dejo invadir por su voz y por su rostro. Escucho su canción y siento que asisto a un verdadero milagro, ese milagro que quisiera ver crecer cada día como resultado de mi esfuerzo por enseñar y educar a muchos de los que, desde los once años, ya han perdido toda ilusión, toda motivación y el sentido por encontrar un verdadero camino de formación, arrojando sus esperanzas al río de la ignorancia. Hoy quiero dar las gracias a Susan Boyle por este regalo de emociones, por hacer brotar en mí los bellos sentimientos que cultivo por los jardines del aula. Escuchad su canción aquí (quitad antes la música de este blog, arriba en el cuadro de slide, presionando el simbolito del altavoz, ok?): http://www.youtube.com/watch?v=dSFP4XfE8jI

viernes, 10 de abril de 2009

DIARIO ÍNTIMO…DE UN PROFESOR

Ella


Dejadme contaros algo. Ella duerme a mi lado. Escucho cómo cadenciosa y suavemente toma del aire prestada la vida. Así, puedo observarla todo lo que quiero y hasta desenredar de su pelo, sin despertarla, los malos sueños. Ocurre en esas horas en que este insomnio galopante de la edad me roba el descanso. A pesar de estos más de veintiséis años juntos, siento que nuestro amor sigue abriéndose camino. ¡Y pensar que había quien no daba dos días seguidos por nosotros! Hoy quiero recordar agradecido este regalo del tiempo. ¡Qué afortunado he sido! En el reino de la ucronía tal vez pude tener reservadas otras felicidades, pero todas navegan lejanas e inasibles. Me gusta sentirla al lado y acurrucarme sobre el exagerado y cálido zigzag que traza su cuerpo. En la oscuridad, siento cómo respira el silencio de la casa al compás de un eléctrico tictac. Y pienso en quienes hoy, en la soledad de la calle, sin techo protector, cubiertos por el inmisericorde manto de la desdicha, no encontrarán cobijo para su noche. Y mi dicha se siente algo huérfana, desvalida, inútil, hasta avergonzada: “Soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día todos los muertos de mi felicidad”…Así canta Silvio Rodríguez, y no le falta razón. Y ella duerme confiada hasta que ese impulso invisible de las madres, a media noche, la lleva a vigilar el sueño de su hija. De vuelta, de manera acompasada, como durante toda la noche, nuestros cuerpos se girarán una vez más para buscarse y entrelazarse en un rito de posturas de durmiente amabilidad. Alguna vez le susurro: “te quiero”. ¿Qué misterio es éste de la pareja humana? Hay quienes dicen que somos de los pocos seres vivos que, en contra de la ley natural, nos emparejamos por siempre con el mismo individuo. Hay quien también ha afirmado que lo único que nos sobrevivirá es el amor. Es hermoso pensar que será así. Sé que hay muchos modos de decir “te quiero”. En primer lugar a las personas que amas. Pero, también, a quienes te rodean más allá de las fronteras de la familia. A mi me gusta regalar estas palabras. Es cierto que están demasiado desgatadas por el uso ramplón, superficial y traicionero que con frecuencia les damos. Es cierto que no deberíamos “consumirlas” como la mayonesa: con casi todo y perdiendo en ello el placer de saborear lo auténtico, sin aditivos disimuladores de lo verdadero. Es verdad que hay que manejar con cuidado ciertas palabras, sobre todo, las que tenemos reservadas para transformar el mundo. Sí, debo reconocerlo, me gusta decir “te quiero”. En privado y en público. Y no olvido que el amor moverá a mi mundo en el mundo. Es amor lo que deberíamos enseñar en las escuelas y en los centros educativos: amor por el conocimiento, por la historia, por las matemáticas… Pero, sobre todo, el amor mismo, la necesidad de saber amar. ¿Cómo sería ese currículum? Tema uno: Saber dar y recibir cariño. Ejercicios prácticos de ternura y momentos íntimos. Tema dos: Del beso, los abrazos y las caricias. Taller Práctico Nivel I: La confianza. Tema tres: De la amistad. Tema cuatro… Sí, deberíamos enseñar a querer y a querernos. La gente considera normal enseñar Educación Vial y sacarse el carnet de conducir, pero ¿quién nos instruye en el amor? Y me vuelvo a la cama y la atraigo hacia mí y me siento afortunado, y le doy las gracias, y le digo susurrando, muy quedo, entrando ya definitivamente en la casa de los sueños: “te quiero”. Ella no lo advierte, descansa, bien sabe que queda por delante un largo y nuevo día y que mañana tendremos que seguir persiguiendo la posibilidad de ser felices, ese regalo que hasta a los dioses se les hace inalcanzable.

miércoles, 1 de abril de 2009

MIS COMPAÑEROS DE COLEGIO









MIS COMPAÑEROS DE COLEGIO SIEMPRE ESTÁN CONMIGO


Mi madre marcó mis iniciales y mi número, con mucho amor y a punto de cruz, en todas mis pertenencias. ---Aquel “LAF – Nº 30” me acompañaría siempre. Aún conservo sobre mi sillón de trabajo una de las mantas que abrigaron mis sueños infantiles y mis miedos de entonces. Aún siento que me protegen con ella las manos de aquella mujer excepcional---. Con el corazón en un puño, gesto serio, ennegrecido del verano del pueblo, muy canijo, y con una vieja maleta de cartón a rayas llevada por mi padre, subí las escaleras que conducían al amplio dormitorio poblado de camas del Aspirantado (seminario) que los Padres Escolapios tenían en la Plaza Ponce de León de Sevilla.Y de, pronto, de Leonardito, hijo de Sofía la de Leonardo y de Antonio el de Perico Alanís, pasé a ser “Alanís”, de Gerena, uno de los sevillanos de aquellas “naciones unidas” que eran el internado.

Recuerdo, uno a uno, a todos mis compañeros, a los mayores y a los de mi curso. Todos me parecían grandotes, inalcanzables. Un día de aquellos años, y al volver de nuevo al colegio, no los volví a encontrar. Muchos de los cursos superiores se habían ido, dijeron, a otros colegios que la Orden tenía en otras partes de España. Otros, sencillamente, habían desaparecido por dios sabe qué razones ocultas. Pronto me habitué a aquella liturgia: Terminado cada curso, tras las vacaciones, vivías la inquietud del reencuentro con los veteranos y la incertidumbre del conocer a los nuevos. Así, durante seis años. Y uno a uno, de golpe, todos desparecieron de mi vida. Un día, abandoné el internado y volví a casa.

Pero, imaginad que un día de muchos años después descubrís que aquellos compañeros de colegio de los que te separaste casi cuarenta años atrás, existen, que no habían huido del mundo hacia otras galaxias. Ellos, como tú, simplemente siguieron y construyeron sus vidas y estaban ahí a tu lado, incluso, muchos de ellos, cerca. Es verdad que vivían con frecuencia en tu memoria y aparecían con sus risas y sus juegos al tropezar con viejas fotos o sin necesidad alguna de curiosear en los congelados recuerdos de aquellos años. Ocurre con frecuencia que sencillamente aceptas de modo natural y con resignación la muerte de quienes poblaron tu pasado. Y, aunque es cierto, como dicen, que la vida no se puede andar mirando continuamente hacia atrás, no es menos cierto que no se puede entender sin las vivencias del pasado. Y un día de estos, cuando parecía que habíamos enterrado hasta la eternidad las voces de otro tiempo, decidimos que teníamos que volver a vernos, a abrazarnos, a hablar, a discutir, a sonreír, a recordar juntos. Y así lo hacemos desde hace ya seis años. Y es, cada vez más, algo …¿maravilloso? No puedo negar que os llevo en el alma y en el corazón. Tal vez porque aquellos años cambiaron mi vida para siempre, claro, pero difícil es olvidar que sin vosotros aquello, simplemente, no habría existido.



Quiero manifestar una vez más mi gratitud a nuestro compañero Valeriano, un campesino manchego de bien… (como mi tatarabuelo, que se vino a Gerena hace ahora más de 170 años). A Paqui, su infatigable y generosa mujer. A sus hijos, especialmente a Enrique, Carolina y a… (¡qué memoria!), ejemplo de hijos verdaderamente ejemplares y que han llegado a entender los achaques de estos viejos compañeros que tanto insisten en verse. Y a toda la familia, también, al abuelo, viejo militante socialista de “los de antes”. A todo el pueblo de La Guardia (Toledo) y a su alcalde. Ellos nos han acogido en su casa y nos han ofrecido la abundancia del corazón, que es la más inagotable. Los días 20, 21 y 22 de marzo pasan inolvidables a la historia de nuestros encuentros anuales. En La Guardia, hemos pasado unos días que han enriquecido aún más nuestros recuerdos y, sobre todo, nuestros afectos. Es un lujo teneros cerca. Nos vemos el próximo año en Almedinilla (Córdoba). Allí nos esperan Maribel y… Pulido. Un fuerte abrazo.

viernes, 27 de marzo de 2009

28 de marzo a las 20:30 h.

LA HORA DEL PLANETA


Es un simple gesto. Se trata de apagar las luces, de quedarse a oscuras o a la tenue luz de unas velas. Podría ser una buena ocasión para una cena romántica o para escribir o leer como lo hicieran en su tiempo Cervantes o Shakespeare. Consiste en desenchufar al planeta de esta larga carrera sin fin a la que lo tenemos condenado. La Tierra, nuestro hogar en esta galaxia, bien merece tomarse un respiro, que se lo concedamos. Al menos, durante una hora. No tiene sentido este insostenible ritmo de consumo energético, esta alocada marcha hacia el agotamiento. Las actuales generaciones de pobladores del planeta hemos olvidado que esta nave en el espacio no la tenemos heredada de nuestros padres, sino prestada de nuestros hijos. Es un simple gesto contra el cambio climático, el primero de los que puede venir de la mano de la irresponsabilidad de los humanos... Esa especie que alguien consideró "una verdadera enfermedad sobre la piel de la Tierra". No pongamos más a prueba la sostenibilidad de los recursos y la fecunda genorosidad con que Gaia nos amamanta. Una madre como ella bien merece una prueba de nuestro agradecimiento. Es el 28 de marzo, de 20:30 a 21:30. Y a partir de ahí, todos y cada uno de los días del año en su viaje alrededor del sol.

lunes, 16 de marzo de 2009

Diario de un Profesor





"Vuelvo a Granada"

Estudié en Granada. Fue entre los años 1968 y 1973. Yo era un niño. Desde entonces, esta ciudad, sus múltiples paisajes, me acompaña. Para bien o para mal, Granada quedó en el ADN de mi memoria visual como referencia desde la que mirar ya para siempre el resto del mundo. Su belleza irrepetible siempre va conmigo. Hay quien dijo, no recuerdo bien quién, que “uno es de donde hace el bachillerato”. Debe ser tal vez por eso que esta ciudad me ató a ella y la razón por la cual me siento un granadino de adopción. Nadie me persuadiría por ejemplo, en contra de la firme convicción que mantengo, posiblemente ingenua, de que Sevilla es más hermosa que Granada. El viernes pasado viajé a ella en tren. Debía reunirme con mis colegas de la Ponencia de Geografía para ultimar las próximas Pruebas de Acceso a la Universidad.
Y allí estaba ella esperándome, inconfundible, hermosa, eternamente bella, sobre la roja colina que vigila y abraza el Darro. Me saludó deslumbrante y le reiteré mi amor fiel, inquebrantable.
La reunión se celebró en el Carmen de la Victoria, en pleno Barrio del Albaicín, propiedad de la Universidad de Granada. Fue Vázquez Montalbán el que dijo en cierta ocasión que “no se sabe muy bien si fue el Carmen de la Victoria el que fue hecho para la Alhambra o ésta para el Carmen de la Victoria”. Lo cierto es, que la reunión transcurrió en este “huerto” (significado árabe de Carmen), desde el que se ve exactamente lo que apreciáis en estas imágenes. Ellas testimonian las miradas de mutuo amor que permanentemente se dirigen entre sí ambos lugares.
Y allí, expuse, sin tratar de convencer a mis entrañables, admirados y experimentados profesores universitarios y de bachillerato, que la Prueba de Acceso a la Universidad, la conocida Selectividad, no debe considerarse un examen para especialistas, ni un examen para acceder a la especialidad de Geografía. Que la Selectividad es un examen que trata de medir de alguna manera, en términos de madurez, la consecución de los objetivos marcados para el bachillerato y que por esto se hace examinando a los estudiantes de diversas materias. Que el examen de selectividad de Geografía versa sobre la geografía que se enseña y no siempre ésta es la Geografía que produce la “ACADEMIA”. Que es, en definitiva, un examen sobre un saber escolar, que debemos pretender, sí, lo más próximo posible al saber científico generado por la ciencia geográfica, pero este a duras penas resiste al modo de ser de muchos de nuestros actuales alumnos y alumnas de bachillerato. Y que, en definitiva, sería conveniente confeccionar un examen más “facilitador” para el alumnado que trata de acceder a la universidad, ya que la Geografía es una disciplina especialmente amplia y compleja. Que hacerlo así, no atenta, en mi opinión, a la dignidad de la Geografía, ni tiene por qué implicar una pérdida de poder de nuestra especialidad, sino que coloca a la propia Geografía en el centro de interés de nuestros estudiantes en nuestro empeño por ganarlos para la causa del amor hacia el conocimiento. Y es que de amor trata esta historia.
Por eso me pareció que, mientras discutíamos estos aspectos tan sesudos, la Alhambra nos miraba y dejaba escapar algunos pacientes y profundos suspiros. Los mismos que yo le devolví, no sin melancolía, al despedirme de ella.




viernes, 27 de febrero de 2009

Pequeña crónica gráfica (sin comentarios)

Gerena (años 20/años 40)

La Fuente de los Caños

El Ayuntamiento (¿y su alguacil?). La Iglesia.

Interior de la Iglesia antes del incendio que la destruyó el 21 de octubre de 1932



Después del incendio

Primer arreglo tras el incendio, aún sin retablo en el altar mayor.

Sagrada Familia. Azulejo, probablemente del siglo XVIII, que se encontraba en la fachada de la antigua Casa Barco, hoy desaparecida (Inmueble donde se encuentra actualmente la Gestoría Ricardo, frente a la Plaza del antiguo mercado hoy en obras)

miércoles, 25 de febrero de 2009

DIARIO PERSONAL


EN ESTOS DÍAS


Sé que anda algo abandonado este rinconcillo de palabras sueltas, de ideas sencillas, cotidianas, en su finalidad, simplemente, amables. Que acudo a él con menor frecuencia de la que en otro momento ha podido ser habitual, lo reconozco. Nunca he pretendido mirarme públicamente el ombligo: mis pelusas son sólo mías. Pero, tal vez por error, cuando hace un año empecé a oír hablar de esto de los blogs, alguien me explicó que eran a modo de diarios y eso fue lo que yo me propuse: escribir un diario de mis cosas. Esas que quizás a nadie interesen, pero que constituyen la pequeña esencia de mi alma. Un ejercicio, reconozco, bastante adolescente. ¿Quién no escribió un diario alguna vez? ¿Era Mari Trini quien lo decía en una de sus canciones?

No es mi intención dejar de regar este árbol a cuya sombra me gusta meditar y compartir. Debo reconocer que ando algo derrotado y que mi habitual optimismo se resiente por los quehaceres que envuelven mis rutinas: las clases, la formación, los padres, las madres, los alumnos, los profesores, alguna tertulia, las excursiones, el consejo escolar, los padres, las madres, los alumnos, los profesores…

Escapo un poco de ellas cuando me lanzo a la búsqueda de historias tristes, esas historias de vida repletas de miserias humanas y de nobles protagonistas olvidados que trataron de alcanzar con la punta de los dedos las utopías de la igualdad y en cuyo empeño encontraron sólo el sabor del plomo al amparo de un paredón sin testigos.

Y sobre todo, me ayuda a redescubrir cada día la luz de la esperanza esa ilusión de una niña de siete años que en cada caída de sus dientecillos de leche vive la intensidad del cambio que en ella se opera. Cada nuevo diente lo celebramos con ella y con…el Sr. Pérez, claro. Si a eso le añado una pizca del paciente cariño de la compañera fiel, la compañía de los años de discusión, de encuentros y desencuentros repetidos en que crecen las hijas adolescentes…y alguna esforzada carrera por los campos o las calles, no puedo ni debo quejarme. Me va fantásticamente.

Cae fuera el paro. Parece que hayamos olvidado la lluvia de estos últimos días, pero una verdadera tormenta de desocupados y empresas en crisis golpea en nuestras conciencias y alienta los titulares de la prensa económica. Toda la prensa ya es económica, incluso la deportiva, donde se manejan cifras astronómicamente vergonzantes. ¿A qué crisis esperan éstos?

Por eso mi vida, en realidad, poco importa si no la dedico a desentrañar el sentido último de la labor que ejerzo, la más antigua, la más difícil de las empresas humanas: EDUCAR. Por eso os cuento estas cosas, para ver en vuestras miradas y encontrar entre vosotros (uno, dos, tres…) el ánimo para seguir caminando. Por eso escribo: porque sé que estáis ahí: la niña de siete años, la de dieciocho, la de veinticuatro, la de cuarenta y ocho y todos vosotros. Escribir para vosotros me da el ánimo que a veces se me pierde y diluye entre las ru(t)inas. Escribir para mí me ayuda simplemente a encontrarme en vosotros. Porque, en definitiva, sólo en otros encontraremos a ese que nos falta. Sólo en la otra persona encontraremos lo que necesitamos para ser más personas. Gracias por todo vuestro ánimo a todos…Vuelvo enseguida.

domingo, 15 de febrero de 2009

MEMORIA HISTÓRICA (IV)





JOSÉ CHÁVEZ BARRIOS


Va bien abrigado. Empieza sin embargo a disiparse el intenso frío que hemos sufrido este último invierno. Está de pie y toma el sol en esta mañana de domingo junto a un enorme portalón de chapa. La intensa lluvia de estos días atrás ha declarado una tregua que se agradece. Estoy seguro que ante sus ojos ya han pasado cerca de cuatrocientas estaciones más o menos lluviosas, más o menos secas. ¡¿Qué no habrá visto a estas alturas de su vida?! No parece pesarle, sin embargo, el paso de los años. Llevado de una suave cadencia, su frágil andar y su erguida figura, más bien elegantes, forman parte del paisanaje singular de nuestras calles. ¿No lo habéis advertido? ¿No lo habéis saludado? Es inadmisible dejarlo pasar ante nosotros sin hablarle, sin otorgarle el obligado saludo afectuoso que debemos a los muy mayores. A veces pienso que debería existir una ley escrita que obligara a todos a rendir homenaje y respeto permanente a nuestros ancianos. Llegar a los 96 en un excepcional estado de salud y fortaleza no es sólo un privilegio. Las personas como Pepe son ese legado vivo de una historia que sólo él puede ayudar a contar con la autenticidad que reflejan las pupilas de quienes la vivieron.

Al verlo, me he dicho que no aplazaba más mi deseo de hablar con él. Voy, como quien dice, preparado para el asalto. Acabo de dejar unas fotos en casa de una vecina y he vuelto a salir en busca de una de esas historias silenciadas por la Historia oficial, por la historia de los vencedores. Me acerco a él, lo saludo. Me reconoce, me conoce. “Pepe, ¿usted tiene algo que ver con Manuel y Arturo Chávez Barrios, no?”. “Claro, ---me dice, mirándome fijamente---, eran mis hermanos”. ¿Le importa a usted que charlemos sobre aquello? Y es él quien me invita a acompañarlo a su casa.

Nos sentamos a la mesa. Y poco a poco, desordenadamente y teniéndolo que parar de vez en cuando para dar tiempo a la pluma a garabatear la fidelidad de su testimonio, van apareciendo los grises colores de una época que le marcó.

“Cuando entraron las fuerzas, yo estaba aquí en el pueblo. Trabajaba entonces en un mato a la salida de Aznalcóllar. Yo he trabajado siempre en lo que caía: en el campo, en los albañiles, de cantero… Las fuerzas entraron por la carretera de El Garrobo pegando tiros y asustando a la gente. Allí estaba el pobre David, en el Cerro del Águila. Cuando me lo dijeron, me quité de en medio. Yo no tenía nada que ver, ni estaba apuntado en ningún partido, pero sí estaba en la CNT…para poder ir a trabajar. Si no, no le daban a uno trabajo. Yo ya había estado en el ejército. Luego me tocaría ir otra vez”.

“A mi hermano Arturo, que había perdido dos dedos de la mano izquierda, lo había colocado Manolito Gil en el Ayuntamiento de escribiente. Tanto él como mi hermano Manuel estaban muy bien de escribanía y de lectura. A Arturo se lo llevaron y le hicieron perrerías. Lo ponían una y otra vez como para fusilarlo y volvían a meterlo en la cárcel, hasta que se lo llevaron una noche y ya no volvimos a verlo más. Yo estaba con él, acostado en el suelo con una manta. Estábamos en el salón de arriba del Ayuntamiento. Fue desde allí, desde la ventana por la que se veía el cementerio, que vimos los relampagazos de los disparos de fusil cuando trajeron a las mujeres de Guillena”. Aquello sucedió al mes y pico de entrar las fuerzas. A mi hermano, quizás lo acusarían de algo. Yo creo que lo mataron porque era de izquierdas. Yo había estado por ahí…

---Va arrastrando las palabras y noto que la boca se le reseca al hablar---

…Huyendo llegué hasta cerca de un pueblo de Extremadura… ---A pesar de su esfuerzo, lo castiga ese olvido inevitable que debilita los recuerdos tristes. Confiesa tener su nombre en la memoria. Yo no he sabido ayudarle---. Llegaban entonces fuerzas de Badajoz y me fui a hablar con el jefe del comité y le dije que para estar así, yo me iba mejor a mi pueblo y que me hicieran lo que quisieran. Estuve en Gerena, por La Calera. Llegué a estar en la Huerta del Pino y de allí me volví a la Canaleja. Harto de estar escondido, me vine y me presenté a las autoridades. Ya para entonces, B.F., había preguntado a mi padre en alguna ocasión dónde me encontraba: ¿Dónde está tu Pepe? (Él sabe bien que este deambular de búsqueda y captura por las casas de los huidos del pueblo, era tarea habitual del grupo de falangistas del pueblo. Él sabe bien que, a diferencia de otros, salió bien parado de aquellas búsquedas). “Entonces era obligatorio entregar un arma y él le proporcionó a mi padre una pistola”. “Al llegar al pueblo, mi padre y V.N. venían a buscarme. En el cuartel, el cabo me hizo preguntas...” ---Nuevamente, retazos de desmemoria le impiden recordar su nombre, el del guardia, claro.---

Me mira y sonriéndome me dice con cierta irónica gracia: “me acuerdo de tó cuando no me quiero acordar de ná…que es cuando estoy en la cama intentando dormir. Pero cuando me preguntan, se me va y no me acuerdo”.

“Veníamos cuatro: Manuel Quesada Leal, Plácido Sanz Fernández y otro…que estaba casado con la de Repago, le decían “El Carbonero”. A Plácido y a Manuel, a los dos días, los sacaron y los mataron. Estuve once días en la cárcel, en la planta alta del ayuntamiento. Terminaron movilizándome con el último reemplazo, el del 33, y me fui para la guerra”.

“A José Quesada, hermano de Manuel, lo sacaron con el grupo de Manuel Mateos, Paco el Furriel y otros más que mataron en el cementerio de Guillena”.

“A mi hermano Manuel lo mataron en el monte. Iba con un tal Vidal, de El Garrobo. Al atravesar la carretera de Aznalcóllar a El Castillo, por la Pata el Caballo, un camión de falangistas…lo hirieron en una pierna. “Allí lo acabarían de liquidar” “La familia de ese Vidal decía que su padre lo había enterrado. Han tratado de encontrarlo, pero eso era un montarla y allí no ha aparecido nada. Manuel era de la CNT. Había que estar apuntado al sindicato. Yo…no echaba cuenta en política”.

Le hago algunas preguntas para ayudarle a contarnos su historia. A su lado, también le escucha su nuera. “B.F. para mí fue bueno, aunque los que tenían mala leche se alegraban de aquello”. “En el colegio de aquí de las niñas, estaba el Comité”. “Había algunos chavalotes muy revoltosos. Quisieron molestar a B., que vivía enfrente, mis hermanos Arturo y Manuel le quitaron los golpes de esos chavalotes que querían hacerle daño. Aquí, a la gente de derechas no le hicieron nada”.

“Me acuerdo bien de aquella noche. Me acuerdo que mi hermano Arturo tenía tres perras chicas en el bolsillo y me las dio al irse. Era media noche. Empezaron a nombrar a cuatro o cinco. Me acuerdo de sus caras, pero de los nombres no me acuerdo. Decían que se los habían llevado a la parte de Olivares. Precisamente venía al mando un capitán manco que decían era de Olivares. La gente de derechas les daban una lista. Al parecer quería hacerle daño a los demás…aunque sin motivo…como a mi hermano Arturo, que no hizo daño a nadie”. “Mi madre…no sé cómo duró tanto tiempo. Con las cosas que tuvo que padecer…

Cuando me despido de él, advierto en su mirada una sonrisa de gratitud hacia la vida. El próximo 26 de julio cumplirá los 97. A pesar del tiempo gris que le tocó vivir, me recuerda, con ayuda de su nuera, que tiene cuatro hijos, once nietos y 15 biznietos. Después de comenzar a trabajar a los doce años, es más que una rica herencia para encarar orgulloso el final de sus días, desde luego. Me recuerda que sus padres eran José Chávez Navas, hijo de Evaristo Chávez Cáceres, y de Manuela Barrios Sánchez. A él, en realidad, le llaman como a su padre, Pepe el de Evaristo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

TERTULIA PEDAGÓGICA EN EL IES GERENA


El próximo día 19 de febrero, jueves, a las 18:30 h. de la tarde, en la Sala de Conferencias del IES GERENA, iniciamos la TERTULIA PEDAGÓGICA. Estará animada en esta ocasión por EDUARDO BARRERA ROMERO, maestro y Director del CEIP Andalucía. Él nos va a contar cómo hacen ellos sus tertulias y cómo trabajan con los escolares de la barriada sevillana de las Tres Mil Viviendas. A cuantos estáis interesados por la educación y por la cultura, os animo a compartir con nosotros este nuevo espacio que tendrá lugar mensualmente en nuestro instituto. Os espero mucho a muchos.

Una tertulia debe ser una actividad cultural que busca transformar a quienes participen en ella. Y eso no es poco. Debe perseguir la formación de aquellas personas que hablan entre sí compartiendo las ideas, sensaciones y sentimientos que en ellos suscita una lectura previamente acordada. Ayudadnos a hacer crecer este proyecto.