MEMORIA, HISTORIA Y EDUCACIÓN
A mis amigos y anónimos, con humildad y respeto:
De veras que siento ser un profesor tan peligroso. Pido perdón desde aquí por aparecer ante algunos miembros de esta comunidad como un educador que somete continuamente a sus alumnos a una situación de auténtico riesgo vital por el mero hecho de atreverme a estar con ellos y, por supuesto, por tratar de educarlos ¿Cómo una persona de mi talla intelectual y moral puede atreverse a enseñar Historia de España a estos adolescentes del siglo XXI, del futuro? Quiero que disculpen mi osadía, por favor. De veras que pensé ser digno de tal oficio. ¿Cómo puede un republicano convencido enseñar en la España de la Monarquía Constitucional y cobrar un sueldo por ello? ¡Habrase visto tamaño despropósito! Pido encarecida y públicamente perdón por el hecho de que la educación pública esté en manos como las mías, tan marcadas por la continua manipulación de la verdad histórica, única y verdadera. Debo decir que siento haber sido formado por educadores religiosos que me transmitieron firmes convicciones en las que sustento buena parte de mi visión de la vida y del mundo: estar siempre del lado de los perdedores y, también, de dar mi vida si es necesario para que todo ser humano, de cualquier condición e idea, pueda vivir y expresarse en digna libertad. ¿Debo poner por testigos de ello a mis cientos de antiguos alumnos que desde la etapa de la educación primaria a la universidad han vivido en riesgo a mi lado? Lamento saber tan poco. Siento hoy como nunca que mis ignorancias se me clavan en mi modesta alma educadora. Siento ser uno de esos culpables del fracaso escolar que tanto nos avergüenza. Pido disculpas a la luz del día y ante todos por tener en el despacho de la dirección del centro en el que soy director unas pocas fotos: la de un profesor de Instituto, un tal Antonio Machado ya envejecido y encogido y triste por el peso del exilio, la derrota y la muerte que le esperaba tan pronta. ---Bueno, quizás sea la imagen del maestro Juan de Mairena--- La otra foto es la de un maestro y sacerdote que me ha enseñado casi todo lo que sé de la Escuela: Lorenzo Milani. Debo decir que estoy seguro de pocas cosas, es verdad. He vivido siempre en la duda permanente. Así me lo enseñaron. Decía recientemente Caballero Bonald que “el que no tiene dudas es lo más parecido a un imbécil”. De ahí mi actitud permanente de búsqueda de la verdad. Pero de lo que sí estoy totalmente seguro es que no me hubiera importado correr la suerte de aquellos cientos de maestros y profesores que se comprometieron con la II República y terminaron, humillados, depurados o fusilados por el impagable gesto de participar del afán republicano de extender el conocimiento entre los campesinos iletrados. Hoy, desde mi modesta opinión, se ha abierto paso una visión estereotipada de la historia de la guerra civil española, fundamentada en el revisionismo de las viejas interpretaciones franquistas de los documentos de la época y de los manuales escolares de la escuela del nacionalcatolicismo (aunque esto lo ignoren los que la utilizan y la arrojan a la cara de los defensores de la causa republicana). Y al amparo de ella, seguro de lo que se dice, sin ninguna clase de dudas, se sigue condenando a militantes de izquierda o a trabajadores de la enseñanza y nos exigen no remover nada y dejar en paz a los muertos. ¿Cuándo y cómo superará España su Guerra Civil? ¿Dejando correr un espeso velo de silencio que dure mil años? Siento pensar que es necesario, cuanto antes y sin perder más tiempo, hacer justicia con los olvidados y con la propia II República. Siento discrepar. Y es desde la más respetuosa discrepancia que quiero afirmar que para superar los errores de nuestra historia común, cerrar las heridas aún sangrantes del pasado y enterrar definitivamente el miedo es necesario continuar la batalla por la Memoria que algunos hemos emprendido como una tarea educadora, educativa y verdaderamente superadora de los traumas que arrastra la sociedad española. Esto lo han hecho otros pueblos que han atravesado guerras civiles o situaciones de verdadero trauma nacional.. Esto empezará a hacerse realidad no cuando escondamos nuestras miserias debajo de las alfombras de lo que tanto nos avergüenza. Sino cuando asumamos colectivamente, de modo parecido al duro ejercicio al que debió someterse la sociedad alemana en relación a su experiencia histórica con el nazismo, que:
1º.- La Segunda República Española no fue como algunos repiten una y otra vez un régimen político que nació de mala manera y con un final trágico escrito de antemano.
2º.- La Guerra Civil se produce por efecto de un golpe de estado que no llegó a triunfar en sus inicios como estaba previsto al encontrarse con una resistencia popular en defensa de la República.
3º.- La única responsabilidad histórica de una guerra tan cruel debe recaer sin ningún tipo de dudas sobre los militares y civiles que conspiraron ya desde los primeros días de la República.
4º.- La Dictadura de Franco nació de la violencia y vivió gracias a la represión durante décadas.
5º.- Muchas de las victimas de esa violencia aun siguen enterradas sin nombre en baldíos, cunetas y tumbas anónimas y colectivas de cementerios.
6º.- Existió una resistencia social y popular a la dictadura, fuertemente reprimida durante décadas, que contribuyó decisivamente al debilitamiento del régimen y el advenimiento de la democracia.
Algunos, de manera sencilla, poniendo oído atento a las explicaciones de los supervivientes de esta época difícil, nos hemos comprometido con la defensa y divulgación de estas afirmaciones históricas, ampliamente refrendadas hoy día por la investigación historiográfica y por la fuerza de los hechos, pero sistemáticamente negadas y tergiversadas por el poder franquista y en parte por el propio poder democrático. A pesar de la incomprensión de muchos, estos es lo que constituye el meollo y la esencia de la lucha democrática por la recuperación de la memoria histórica. A pesar de la contestación de determinados sectores sociales y políticos y religiosos de la España actual, la exhumación de victimas y desaparecidos, el apoyo y asesoramiento a familiares y allegados, la exigencia a los poderes públicos para que de una vez asuman y ejerzan la responsabilidad democrática de dignificar a las victimas y condenar siquiera moralmente a los verdugos, tienen siempre un doble y entrelazado objetivo: Se trata, claro está, de acabar con la mentira y la ocultación del pasado, mostrando al pueblo español los rostros y los nombres de los asesinados, entregando honradamente sus restos a familiares o descendientes y enarbolando la dignidad que nunca perdieron pero que se les negó primero desde el poder franquista y después desde la Monarquía Constitucional. Pero todo este esfuerzo colectivo de recuperación de la memoria debe proyectarse hacia el presente y hacia el futuro: Reconstruir la memoria democrática de la ciudadanía, rescatando del interesado olvido el hilo de lucha democrática y antifranquista que nunca se rompió, desde los últimos días de la República hasta la agonía de la dictadura. Memoria democrática que debe convertirse en conciencia política del presente, reconociendo que el único antecedente legítimo en el que puede enraizarse nuestra democracia actual es el régimen de la Segunda República, último depositario de la soberanía popular hasta el fin del franquismo. Es difícil para muchos entender esto, pero así son las ideas de quienes empujan el carro de la Memoria.
Por último, y aún a riesgo de ser más incomprendido, quiero decir también que este afán de recuperación de la memoria histórica debe hacerse en las aulas e instituciones culturales y educativas. Se trata de suscitar el debate y difundir propuestas alternativas sobre la contribución y la responsabilidad del sistema educativo y cultural en la desinformación y desconocimiento de nuestro pasado inmediato que caracteriza en buena medida a la sociedad española actual. Mi trabajo con mis alumnos, como el de otros muchos profesores y profesoras de España, trata de fortalecer lo que podríamos llamar un frente cultural en el más amplio sentido del término, incluyendo aquí la reivindicación de la memoria y los testimonios orales como un método veraz y fiable de conocer e incluir en el relato histórico las vivencias y los puntos de vista de las clases populares. Y que nadie siga teniendo miedo, esto hará a nuestros alumnos, más libres. Estarán menos oprimidos por el peso de nuestros prejuicios y de nuestras deformaciones.
Quiero agradecer por último, a mis anónimos amigos el que alienten en mí mi afán de ser mejor. Siempre trato de ver el lado positivo de la crítica, aunque a ella se le vea clara intencionalidad demoledora y hasta insultante a veces. Soy siempre una persona optimista, esperanzada, no sé mirar de otro modo la realidad cotidiana. Debo decir que no suelo contestar a anónimos. Tal vez el anonimato no sea más que otra herencia del franquismo sociológico tan presente en nuestra sociedad. A mi amigo José Manuel Limia debo reconocer y agradecer su coincidente visión del asunto. A Rafa, que vuelva a leer a Limias, seguro que encontrará tras su homenaje a Ionesco, lo que en un principio no supo entender. A José Juan, la poesía. Nada mejor que la poesía para combatir por la verdad en la que creemos. A todos los demás, Jero y Luismi y a cuantos vengan…por hacerme el honor de ser leído. Es un lujo contar con todos vosotros. A todos, conocidos y anónimos os abrazo.










