
Debo todo lo que soy a quienes me han acompañado (y me acompañan) en cada momento de mi vida: Mis padres, mi esposa, mis hijas, mis educadores, mis compañeros de trabajo y de lucha, mis amigos y amigas de infancia, adolescencia y segunda, tercera y cuarta "adolescencia". De ellos y de ellas he tratado siempre de aprender. Fueron, han sido y son un estímulo permanente para mejorar, para lograr mis altas metas, las sencillas metas que he perseguido y alcanzado. Como a buen árbol, que no niega la sombra a quien la busca, así han sido y son mis amigos. Con todos ellos tengo una inmensa deuda de gratitud.