2002

viernes, 11 de junio de 2010

ME SIENTO AVERGONZADO

















Digo sin nostalgia que en aquellos tiempos grises, cuando Franco vivía, gritábamos libertad por las paredes. Más tarde, lo hicimos contra la OTAN y contra todas las guerras. Y siempre lo hemos hecho en defensa de los derechos de los trabajadores y de los pueblos. Aunque estos son tiempos de avances tecnológicos evidentes, sigue teniendo sentido la expresión libre del deseo de un mundo mejor. ¡Qué duda cabe! Si hay que seguir escribiendo en las paredes, se escribe. Eso sí, con respeto hacia la pared. Hasta con permiso de ella, si puede ser.

Hace ya unos años, sin embargo, que en Gerena aparecen una y otra vez pintadas alusivas hacia el Alcalde. Las encuentras incluso a kilómetros de la localidad. Quienes las hacen no reparan en gastos. Ellos sabrán el por qué de tan empecinado empeño. He podido comprobar que para mi hija pequeña es ya un paisaje habitual a través de los cristales de las ventanillas del coche.

Hay quienes se regodean al ver cómo vilipendian al adversario político. En su interior se sonríen y hasta lo justifican. “Se lo tiene merecido”, sentencian. En mi opinión no tienen nada de grito de rebeldía contra la injusticia. Hay otros modos elegantes, tajantes, radicales de mostrar disconformidad, discrepancias o repulsa.

También en tiempos de Franco arrojábamos panfletos. El miedo nos hacía correr tras dejar sembradas las calles de proclamas contra el dictador. Muy recientemente, recogimos en las cercanías y a las puertas del Instituto un panfleto soez y vergonzante. Tuve que decirle a mi hija, en el camino de vuelta a casa, que no leyera uno de aquellos papeles. Ese mismo día, en nombre de algunas familias que me hicieron llegar su queja, manifesté al Ayuntamiento nuestra contrariedad y denunciamos el hecho. Lo haremos cuantas veces sea necesario para recordar y advertir que los caminos de la educación discurren muy alejados de las groserías y los insultos que se esconden detrás de la impunidad de un papel anónimo.

Hoy, una vez más, en el interior del patio de nuestro Instituto, hemos recibido una nueva muestra de los improperios que se dirigen a la primera autoridad local. ¿Son las mismas personas de siempre? Sean quienes sean, se han tomado la “molestia”, con una brocha gorda y pintura plástica, con la complicidad de la noche, de decorar con mensajes nuestro centro. Hoy, grandes y pequeños han vivido la jornada escolar en un decorado impropio de un ámbito en el que educamos para saber convivir.

No ya desde el deber de responsable de un centro educativo sino como ciudadano de a pie, quiero hacer saber y compartir con vosotros y vosotras mis sencillas reflexiones:

1º. Estas pintadas son un atentado contra bienes públicos. Causan un destrozo casi irreparable que obligará a un significativo desembolso económico de los ya menguados presupuestos de la administración. Constituyen, pues, un verdadero atentado contra la comunidad. Estas pintadas van contra todos.

2º. Su efecto es demoledor no sólo materialmente. En el plano de lo vivido, de las experiencias, lanza una empobrecida y lamentable idea de lo que es la política en nuestros niños y jóvenes. ¿Estarán interiorizando nuestros hijos e hijas (incluidos los de los que han hecho estas pintadas) que en el futuro lo que hay que hacer es insultar al alcalde o al concejal o a quien ostente un cargo de responsabilidad pública? El aprendizaje de la democracia se vuelve estéril por este camino. Es verdad, habrá quien diga, que tampoco en otros ámbitos de la vida política (véanse los plenos, por ejemplo) lanzamos mensajes constructivos y esperanzadores sobre lo que debe ser una referencia edificante del diálogo y el debate político. Verdaderamente no es esta la democracia que soñábamos en las noches de pintadas y panfletos. Pero que nadie se auto engañe: no son comparables quienes lanzan insultos anónimos en las paredes y quienes discuten, debaten o se enfrentan a la vista de todos, con nombres y apellidos, y mantienen sus puntos de vista y defienden sus posiciones políticas. Estamos obligados a creer en la política, aunque seamos torpes en el ejercicio democrático de su construcción diaria. No tenemos otra salida.

3º. En unos segundos, los que se tardan en entrar en el centro y leer estas pintadas, se han perdido las exiguas conquistas que el profesorado intenta y logra en el terreno de la educación en valores. Una labor que desarrollamos cada día en un pulso muy desigual frente a los poderosos medios de comunicación y la sociedad en la que vivimos. Quienes han pintado no pueden imaginar cuánto daño moral han hecho hoy a los niños y jóvenes de Gerena, Las Pajanosas, El Garrobo, El Castillo, Aznalcóllar… Los efectos deseducativos de su lección han sido demoledores. ¿Dónde quedan nuestros esfuerzos por tratar de convencer a nuestros alumnos y alumnas de que el insulto no es el camino para resolver nuestras diferencias?

¿Tristeza? ¿Indignación? ¿Impotencia? Cuando te encuentras con una cosa así, no sé exactamente en qué orden, surge una mezcla de emociones similares. Cuando hoy entré en el Instituto y leí las pintadas, sentí y recibí los insultos como si estuvieran dirigimos a mí. Así los recibo.

Cada día trato de explicar a mis alumnos que aunque uno no lo haya votado, aunque uno no piense como él, un alcalde o un presidente del gobierno lo es de todos los ciudadanos y ciudadanas y a él le debemos respeto. Representa a todos, representa al pueblo.

Me costó años asimilar una derrota electoral… Gerena siempre ha formado parte de mi propio proyecto personal y vital y es duro verse excluido de él. Pero mi oficio de educador me ha ayudado a entender que no es transformador lo que enfrenta, que la política no puede estar por encima de las personas y de la amistad entre ellas. Tengo sobrados motivos personales para mantener deudas políticas pendientes, incluso para el resentimiento, pero ese tipo de vida no merece la pena vivirse. Frente a ello practico el perdón reparador. Os lo recomiendo. Es tremendamente sanador. Aunque suscite incomprensiones diré que rechazo de todo plano estos métodos y a quienes los emplean. Saludarse, chocarse la mano, cambiar impresiones, embarcarse en proyectos comunes, compartir esfuerzos, tenerse afectos… desde la discrepancia y las diferencias. Ese es el proyecto que cada día emprendo.

Sé que ando un tanto ausente de muchos aspectos de la vida local, reconozco que no puedo estar en todo. Incluso ando ausente con mayor frecuencia de la deseada de este blog. Hoy sí necesitaba enfrentarme a la obligación de escribir algo. Lo he pasado mal con este asunto de las pintadas. Algo más que debo agradecerle a sus autores. Sólo decir a quienes empleáis tiempo en leer estas líneas que frente a la indiferencia o al fundamentalismo merece la pena practicar el intercambio de razones y de sentimientos y, sobre todo, mantener vivo un debate con quienes hayan perdido la esperanza en la capacidad de los seres humanos para entenderse.